
Las pastillas para dormir que compré meses atrás solo lograban dejarme atontada hasta el mediodía siguiente; el ajenjo del patio de mi abuela apuntaba a otra cosa que yo llevaba tiempo sin nombrar bien. No era falta de sueño: era la casa interna pidiendo una desparasitación natural, de esas que las hierbas medicinales del cuaderno de mi abuela resuelven con más paciencia que fuerza. Las propiedades del ajenjo llevan generaciones ahí, entre páginas manchadas de café, pero la salud digestiva de toda una familia no se arregla con la misma receta para todos, y ese es justo el mito que casi termino repitiendo yo también.
Actualización (septiembre de 2026): Gastritis y H.Pylori Natural ya no está disponible a través de este sitio; este artículo se conserva como referencia. Nuestra alternativa actual en esta categoría es Nutrición Holística: Alimentación para la Salud y el Bienestar.
En esta finca cocino con lo que crece en el corredor techado, macetas de hierbas en fila contra la pared, y con el rincón de patio que dejó mi abuela, cercado apenas por las piedras del camino que nadie ha movido. No tengo título de herbolaria ni de nutrición, soy la administradora de un lugar que se resiste a dejar morir sus recetas. Algunos cursos que menciono aquí me dejan una comisión si alguien se inscribe, y eso ayuda a sostener este espacio, pero solo hablo de lo que pruebo yo misma en mi cocina. Antes de seguir, el mito que quiero desbaratar hoy es este: que con el ajenjo, entre más fuerte y más seguido, mejor.
La creencia de que el ajenjo más amargo desparasita mejor
Esa idea tiene lógica a primera vista, pero mi abuela no la hubiera aceptado. Para ella el ajenjo plateado, que ya alcanza casi la altura de mi hombro, era una planta de respeto, no de fuerza bruta. Hay otra mata parecida más abajo, camino a la Vereda La Florida, y aprendí a fijarme bien en las hojas antes de cortar cualquier cosa, porque no todas las que se le parecen sirven igual.
Mi abuela solo la llamaba ajenjo, sin más vueltas; los cursos le agregan el nombre técnico, Artemisia absinthium, entre paréntesis, como si hiciera falta. Ese cuaderno vive sobre la mesa oscura del comedor, siempre abierto en alguna receta a medio entender, y ahí la entrada no decía "desparasitación", decía "para los bichos", con esa letra ya temblorosa pero firme en el trazo. Contaba que si uno amanecía con la lengua blanca o el estómago rugiendo de más, tocaba "amargar la vida de los inquilinos" — su manera de nombrar algo que la ciencia explica distinto, pero que ella entendía perfectamente bien a su modo.

Hervir de más no es lo mismo que curar más rápido
Terca como soy, quise comprobar la teoría del amargor por mi cuenta. Recogí un puñado de hojas, las eché a hervir diez minutos largos, convencida de que más tiempo al fuego significaba más efecto. Lo que saqué fue un líquido negro, espeso, con un amargor que se metía por la nariz antes de tocar la lengua — nada parecido a lo que describía el cuaderno.
Aun así me tomé la primera taza en ayunas, y sentí un calor subiendo por el pecho seguido de un rugido de estómago que me hizo pensar que había exagerado con algo tan simple. El sabor metálico se quedó pegado horas después; ni comiendo una naranja se me quitaba. Cuando le conté a Magnolia, mi amiga de toda la vida, se rió y me dijo que para envenenar cucarachas ya tenía receta, que mejor le hiciera caso al cuaderno antes que a mi terquedad.
Crucé esa experiencia con el módulo de digestión del curso Recetas Naturales Curativas, y ahí quedó más claro por qué: hervir mucho tiempo concentra las partes más duras del ajenjo y pierde la parte más suave, la que en teoría ayuda sin golpear tanto el estómago. Ni el curso ni el cuaderno recomiendan ese hervor largo, coinciden en que la infusión corta es la que funciona mejor.
Lo que el curso corrige del "puñadito" de la abuela
El curso también trae algo que mi abuela nunca escribió en el cuaderno: una advertencia sobre la fuerza real del ajenjo. Ella medía todo a ojo, "un puñadito" o "lo que quepa entre tres dedos", y con eso bastaba en su cocina. El material más reciente insiste en algo distinto: que esta planta tiene compuestos fuertes, capaces de pesarle al cuerpo si se usa en exceso o por mucho tiempo, y que no es una hierba para tomar seguido como agua de panela. No doy aquí una cifra exacta, porque cada curso y cada cuerpo la manejan distinto; lo que sí repito siempre es que antes de fijar cualquier cantidad hay que hablarlo con un médico.
También me tocó identificar plantas medicinales silvestres en el campo sin errores, porque cerca de la finca hay matas que se parecen al ajenjo sin tener nada de su fuerza. Mi abuela hacía un ciclo de tres días y ya, sin excepción, y el material del curso coincide en que el ajenjo es una planta de choque, se usa poco tiempo, no todos los días.

La receta ajustada: infusión corta con base de fruta
Volví a intentarlo, esta vez dejando las hojas en agua caliente sin hervir, apenas unos minutos, tal como sugería el curso al hablar de usar un "vehículo" para suavizar la planta. Mi abuela a veces le agregaba un chorrito de limón; yo terminé mezclando esa agua ya fría con un batido de papaya, que además de disimular el amargor metálico aporta sus propias enzimas digestivas.
La diferencia se sintió de inmediato: nada de ese ardor subiendo por el pecho, solo una sensación de liviandad que me duró el resto del día. No puedo decir que fue la cura definitiva a nada, solo que esta versión respetaba más la planta que mi primer intento con la olla hirviendo.
Una lectora de Cali, Rubí, me escribió una vez contando que llevaba semanas pensando que tenía parásitos cuando en realidad era gastritis; mide las cucharadas con la palma de la mano, como le enseñó su abuela, y así fue armando su propia versión ajustada. A veces lo que uno cree que son parásitos es más bien una inflamación que pide otro tipo de plantas, más suaves; si ese es el caso, algo como Gastritis y H.Pylori Natural puede orientar mejor, parecido a cuando alguien busca remedios caseros para limpiar el hígado graso sin saber todavía qué es lo que realmente tiene inflamado.
El ajenjo como remedio en la familia
Aquí me aparto de lo que hacía mi abuela, y lo hago a propósito. Ella nos daba ajenjo a todos, chicos y grandes, sin distinción; hoy sabemos que no es buena idea dárselo a niños, porque su cuerpo todavía se está formando y esta planta es demasiado fuerte para ese proceso. Tampoco es para mujeres embarazadas o en lactancia, el ajenjo no es una hierba de las suaves, y ese es justamente el mito que más me preocupa: pensar que porque es "natural" y viene del patio de la abuela, sirve para cualquiera en cualquier momento.
Es lo mismo que le repito a mis trabajadores en la finca cuando preguntan si pueden llevarse hojas para la casa: la naturaleza es botica, pero no es juego, y el ajenjo entra en la categoría de las plantas que se respetan más de lo que se usan.

Lo que queda después del ciclo corto
Terminar los tres días me dejó algo raro, una mezcla de alivio y sorpresa, mientras el fogón de leña que compartimos con la cocina de la finca todavía humeaba del almuerzo. No solo se calmaron los ruidos de estómago que llevaba arrastrando, también noté que dormía distinto, sin necesitar esas pastillas que antes me dejaban atontada hasta el mediodía. Le serví un tinto al encargado esa semana y me preguntó, medio en broma, si me había ido de vacaciones, porque según él ya no tenía esa cara de cansancio pegada. No le conté todo el cuento del ajenjo, pero por dentro pensé que mi abuela se hubiera reído de la pregunta.
Combinar sus "puñaditos" con las advertencias más precisas de los cursos modernos me deja tranquila con esta desparasitación natural, sin pretender que reemplaza nada de lo que dice un médico. Si a usted le interesa entender mejor qué tiene sembrado en su propio patio, el curso de Recetas Naturales Curativas ayuda a perderle el miedo a las plantas sin dejar de usarlas con cuidado.
Al final del día, después de recorrer los cafetales, prefiero cerrar con algo suave, una manzanilla, nada de ajenjo, y agradezco tener estas dos fuentes para cruzar: la del cuaderno y la del curso. Recuerde que nada de esto reemplaza la consulta con su médico; si algo en su cuerpo no anda bien, vaya a que lo revisen antes de experimentar con cualquier hierba, por conocida que le parezca.