
No sé si a ustedes les pasa, pero cuando llega el pico de la cosecha aquí en Pereira, el tiempo parece que se estirara y se encogiera al mismo tiempo. Eran las diez de la noche de un martes, hace apenas unas semanas, y yo seguía sentada frente a los libros contables de la finca. Afuera, la lluvia golpeaba las tejas de zinc con esa fuerza que solo se siente a 1411 metros sobre el nivel del mar, y yo sentía que el corazón me iba más rápido que el agua que bajaba por las canaletas. No era cansancio físico, pues; era ese nudo en el pecho por la presión de los jornales y la logística del café.
Antes de seguir, quería contarles algo que me parece justo. Algunos de los cursos que menciono por aquí vienen con enlaces de seguimiento de Hotmart. Si alguien decide matricularse, a mí me queda una comisión del 71% que paga el vendedor, sin que a usted le cueste un peso más. Pero vea, mi regla en esta cocina es clara: nada sale en este blog si no lo he probado primero con mis propias manos o si no lo he estudiado de arriba abajo en mi cuaderno. Lo que escribo es mi camino aprendiendo, no una consulta médica, así que siempre hay que hablar con el doctor si uno ya toma remedios o tiene algo serio.
El cuaderno de 2022 y el reto de identificar lo que crece en el patio
Cuando mi abuela murió en 2022, me dejó su cuaderno de recetas metido en un cajón de la cocina. Ella no ponía gramos ni mililitros; ponía "un puñado generoso" o "hasta que el agua cambie de color". Al principio, cuando el estrés de administrar la finca me empezó a quitar el sueño a finales del año pasado, intenté seguir sus notas a ciegas, pero me daba miedo confundir la hierbaluisa con el limoncillo. Las plantas se parecen mucho cuando uno no tiene el ojo entrenado.
Fue ahí cuando decidí buscar algo de orden. Me metí a revisar el curso Recetas Naturales Curativas, que tiene una calificación de 4.5 en la plataforma, y empecé a contrastar. Lo que mi abuela llamaba simplemente "agüita para los nervios", el curso lo estructuraba como una combinación de plantas y frutas. Esa idea de mezclar lo que crece en el suelo con lo que hay en la frutera me cambió la forma de ver la alacena. A veces uno busca soluciones raras y resulta que la calma está en un árbol de manzana y una mata de cidrón.

El secreto del cidrón con manzana verde: Mi receta de esta semana
El mes pasado, tras varias noches de insomnio donde daba más vueltas que un bulto de café en una secadora, decidí probar una de las entradas del cuaderno que decía: "Cidrón con fruta ácida para el pecho apretado". El cidrón (o Lippia citriodora, como aprendí en el curso) es bendito. En el patio de la finca crece silvestre cerca de donde lavamos el café, y tiene ese aroma cítrico que te limpia la nariz apenas lo tocas.
Una tarde lluviosa de mayo, me puse a prepararlo. El olor a tierra mojada mezclándose con el aroma cítrico y punzante de las hojas de cidrón recién trituradas entre mis dedos me trajo a la memoria a mi abuela picando hierbas en esa misma tabla de madera. Según el curso de Aprende Plantas Curativas, la clave no es solo hervir el agua, sino dejar que la planta suelte sus aceites sin quemarla. Mi abuela, sin saber de química, siempre decía: "Aurora, no deje que el agua salte, que se le asusta la virtud a la hoja".
Mi receta de estos días es simple: un puñado de hojas de cidrón frescas y media manzana verde picada con cáscara. La manzana aporta una suavidad que quita ese amargor que a veces deja el cidrón si se pasa de tiempo. Lo tomo tibio, sin azúcar, unos cuarenta minutos antes de irme a la cama. Ese nudo apretado en la boca del estómago que finalmente se soltó después de la tercera noche tomando la infusión caliente antes de acostarme fue la señal de que iba por buen camino. No es magia, es darle al cuerpo un momento de silencio.

El efecto rebote: Cuando lo natural se nos va la mano
Aquí es donde les cuento lo que no me funcionó. Hace un tiempo, pensando que "más es mejor", empecé a tomar unas gotas de valeriana muy concentradas junto con té de melisa (toronjil, como le decimos aquí). Pensé que así dormiría como un tronco. Pues resulta que me despertaba a las tres de la mañana con el corazón a mil y una sensación de angustia muy rara.
Investigando en el material que tengo y comparando con lo que decía mi abuela —quien nunca usaba valeriana en exceso—, entendí algo importante. Las infusiones relajantes pueden causar el efecto rebote: consumir dosis altas de valeriana o melisa antes de dormir puede alterar el ciclo REM y fragmentar tu descanso nocturno. Es decir, te duermes rápido, pero el sueño es de mala calidad y te levantas más cansada. El curso que estoy siguiendo explica que la moderación es la clave, algo que a veces olvidamos cuando estamos desesperados por descansar. Por eso prefiero ahora las mezclas más suaves, como la de hierbabuena que mencioné en mi entrada sobre cómo preparar té de hierbabuena para el dolor de estómago fuerte, que también ayuda a relajar el cuerpo si el estrés se te va a la barriga.

Recuperando el legado en la cocina de la finca
Administrar una operación cafetera no es fácil, y menos cuando una todavía siente que está aprendiendo. Pero entrar a la cocina al final del día y ver el cuaderno de mi abuela junto a la tableta donde veo mis lecciones me hace sentir que no estoy sola. He aprendido que la ansiedad no se quita solo con una taza de algo, pero tener ese ritual de picar la fruta y oler la hierba fresca ayuda a que la mente entienda que la jornada ya terminó.
Incluso he estado ojeando otros programas por curiosidad, como uno sobre Gastritis y H.Pylori Natural, que tiene solo 9 reseñas pero se ve muy serio, porque he notado que cuando estoy estresada, el estómago es el primero que sufre. Es increíble cómo todo está conectado. Si quiere profundizar en cómo cuidar a los suyos con lo que da la tierra, le recomiendo mucho empezar por lo básico, como hice yo al aprender sobre plantas medicinales para cuidar la salud de mi familia.
Lo que yo le digo a mi prima cuando me pregunta es lo mismo que le digo a usted: estas plantas son compañeras, no milagros. Si usted toma pastillas para la presión o para los nervios, no se ponga a inventar sin preguntarle a su médico primero, porque hasta lo que crece en el patio tiene su fuerza y puede chocar con la medicina de la farmacia. Yo no soy experta, solo soy una mujer que quiere dormir tranquila para poder madrugar a ver sus cafetales.

Si siente que el estrés la está sobrepasando y quiere probar un camino más natural y ordenado, le sugiero que le eche un ojo al curso Recetas Naturales Curativas. A mí me ayudó a entender que no necesitaba ser botánica para usar bien mi propio jardín. Al final del día, se trata de recuperar esa calma que nuestras abuelas tenían tan clara y que nosotros, con tanto afán, hemos ido olvidando entre papeles y cuentas.