
El costal de café me tira del hombro justo cuando el estómago hace ese ruido hueco que ya conozco, el que no es hambre todavía sino costumbre. Subo por la ladera del lote en la Vereda Combia, con la neblina tan cerrada que apenas veo la punta de las botas, pensando que quizás me pasé de valiente con esto del ayuno intermitente en plena cosecha.
Desde que mi tío me dejó a cargo de la finca hace tres años, mi horario lo dictan el sol y el grano, no el reloj. El cuaderno de mi abuela lo encontré en un cajón de la cocina después de que ella murió en 2022, y desde entonces he ido revisando sus anotaciones los domingos, comparando lo que ella hacía con lo que enseñan los cursos digitales que voy tomando entre cafetal y cafetal. Ninguno de los dos tiene la última palabra, pero los dos me sirven para decidir qué hacer con el cuerpo cuando la jornada pesa.
Ayuno intermitente en el campo o traición al desayuno de mi abuela
Aquí el desayuno es casi sagrado. Mi abuela decía que salir a recolectar sin arepa, huevo y chocolate caliente era como prender la camioneta sin gasolina, y por años yo pensé lo mismo. El curso que tomé, La Verdad Sobre el Ayuno Intermitente, explica que el cuerpo tira de sus reservas durante la ventana de ayuno, pero ese material se grabó en un estudio, no cargando bultos a 1.450 metros de altitud, y esa diferencia uno termina sintiéndola en las piernas. La salud en el campo no se mide con la misma vara que la salud de un trabajo de escritorio, y eso lo aprendí trabajando, no leyendo.
También aprendí, a punta de sol directo en los brazos durante horas de recolección, que la caléndula sirve para calmar la piel que el trabajo deja curtida, aunque ese es un tema aparte. Y en las mañanas más heladas, cuando la nariz se tapa con la humedad de la neblina, el vapor de hojas de eucalipto ayuda más que cualquier pastilla de farmacia, aunque tampoco es lo que quiero explicar hoy.

Cómo preparo el agua de poleo para que aguante toda la mañana en el termo
En el cuaderno de mi abuela ella tenía apuntadas varias "aguas para el sosiego", que no eran más que infusiones para cuando el cuerpo pide algo que no debe recibir en ayunas. Usaba mucho el poleo (Mentha pulegium) y la hierbabuena para asentar el estómago, y yo llevo esa misma agua en el termo, bien caliente y sin una gota de dulce, para las horas de la mañana en el lote. El curso decía que solo el café negro o el agua sola no rompen el ayuno; mi abuela decía que el agüita de poleo tampoco cuenta como comida; a mí, en esta cosecha, me ha funcionado quedarme con lo que decía ella.
Hay un instante, apenas empieza a hervir el poleo, en que el olor me lleva derechito a la cocina de mi abuela, sin aviso y sin que yo se lo pida. Lo que sí noté es que si uso la hierbabuena muy tierna, la infusión se pone amarga rápido dentro del termo; hay que dejarla marchitar un poco antes de meterla al agua, tal como ella insistía, y el sabor sale más dulce, más amable con el paladar cuando uno anda en ayunas.
Ya expliqué en detalle, paso a paso, cómo preparar té de hierbabuena, así que aquí solo dejo la regla que uso en el termo: hoja marchita, nunca recién cortada. Y si lo que le interesa es entender qué plantas conviene evitar cuando se toman medicamentos recetados, ese tema ya lo cubrí con calma en aprender sobre plantas medicinales para cuidar la salud de mi familia.
Una lectora de Cali, Rubí Castaño, me escribió preguntando por las proporciones exactas, y cuando le conté que yo mido a puñados me dijo que ella también mide las cucharadas con la palma de la mano, tal como hacía su abuela. Ahí quedó claro, de paso, que no toda molestia de estómago pide la misma hierba: la hinchazón después de comer y la acidez que sube estando en ayunas no se calman igual, aunque las dos plantas vivan en el mismo cajón de la cocina.

Señales de que el cuerpo pide romper el ayuno en plena jornada de campo
La salud en el campo tiene su propio calendario, y un día de lluvia fuerte me lo dejó bien claro. Estábamos tapando el café en los paseros, con el agua metiéndose por el cuello de la chaqueta, y sentí que las fuerzas se me iban por completo, un cansancio que ni diez minutos bajo el alero lograban quitar. Ahí decidí que la regla no podía ser igual para un día de escritorio que para un día de bulto al hombro: si sé que la jornada va a exigir el cuerpo al límite, adelanto la ventana de comida, sin culpa y sin esperar a que el protocolo lo autorice.
Antes de llegar a esa regla probé un atajo que no me sirvió de nada: compré unas pastillas para dormir buscando recuperar el sueño que la jornada me quitaba, y lo único que logré fue amanecer atontada hasta el mediodía siguiente, con el café esperando y el cuerpo en otra parte. Volví al agua de poleo por la noche, no porque sea milagrosa, sino porque no me dejaba dormida hasta tarde ni atontada al día siguiente.
Sé que hay quien recurre a otras plantas para la ansiedad o para dormir mejor, y ese es un tema que merece su propio espacio, no una línea suelta aquí.
Para esos días de cansancio real empecé a apoyarme en las combinaciones que enseña Recetas Naturales Curativas, sobre todo para armar una primera comida que de verdad alimentara y no solo llenara.

La primera comida importa más que la hora en que se rompe el ayuno
Después de dieciséis horas sin comer y una mañana entera en el cafetal, la tentación es comerse hasta el pegado de la olla. Pero la verdad del ayuno no está en aguantar hambre, sino en la calidad de lo primero que entra al cuerpo: si rompo el ayuno con una arepa cargada de mantequilla y mucha azúcar, una hora más tarde me gana un sueño que no me deja ni llevar las cuentas de la recolección.
Ahí también aprendí a distinguir cuándo una mata está en la cocina para dar sabor y cuándo está ahí para ayudar al cuerpo a asentarse, porque no es la misma decisión aunque sea la misma planta.
Una ensalada de papaya con hojas de hierbabuena picada y unas semillas de calabaza que mi abuela siempre guardaba me da una energía más pareja, sin esos picos que dejan a cualquiera agotado después del almuerzo.
Incluso cuando alguien me pregunta por recetas con poleo para la tos, le digo lo mismo que aplico con el ayuno: si el cuerpo no está sobrecargado, las plantas parecen actuar con más calma, aunque eso es una observación mía de domingo, no una promesa.

Lo que el cuaderno de mi abuela explica y ningún curso menciona
El cuaderno de mi abuela no tiene protocolos ni horarios, solo la costumbre de anotar qué funcionó y qué no en cada temporada, y ese hábito de llevar registro me sirve tanto como cualquier curso digital.
Mi amiga Magnolia Ríos, que ya no vive en la finca pero me llama todos los domingos antes del almuerzo, me preguntó la semana pasada si el ayuno no sería solo una moda de gente que no carga bultos, y se rió mientras lo decía, aunque en el fondo tenía razón en dudar.
Lo que yo le digo a mi prima cuando me pregunta por esto es lo mismo que le repito a cualquiera: si toma medicamentos todos los días, tiene la presión alta, diabetes o algún tratamiento en curso, hable primero con su médico antes de meterle mano al ayuno, porque las plantas y los protocolos de comida tienen su propia fuerza y pueden chocar con lo que ya está tomando. No busco una fórmula única, sino un bienestar natural que aguante una jornada de verdad en el cafetal, y eso cambia según el día, el cuerpo y hasta el clima.

Si a usted también le falta orden para las comidas o quiere aprovechar mejor lo que ya tiene en la huerta, le sirve mirar Recetas Naturales Curativas; a mí me ha ayudado a no comer siempre lo mismo y a entender por qué mi abuela mezclaba ciertas cosas sin dar explicaciones de por medio.