El ayuno intermitente trabajando jornadas de campo en el cafetal

El ayuno intermitente trabajando jornadas de campo en el cafetal

Eran pasaditas las cinco de la mañana cuando sentí el primer apretón en el estómago, ese vacío que no es de hambre todavía, sino de costumbre. Subía por la ladera hacia el lote de los borbones, donde la neblina todavía está tan cerrada que uno apenas ve la punta de las botas. El contacto frío del mango de la herramienta en la palma de mi mano, mientras el vapor de mi respiración se mezcla con el aroma a tierra mojada, me hizo pensar que quizás me había pasado de valiente intentando esto del ayuno en plena cosecha.

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Desde que mi tío me dejó a cargo de la finca hace tres años, mi ritmo lo dicta el sol y el grano. Pero desde que encontré el cuaderno de mi abuela en aquel cajón en 2022, he estado tratando de meterle un poquito más de orden a mi salud, que a veces la administradora se olvida de que ella también es parte de la maquinaria. Antes de seguir, le cuento que algunos de los cursos que menciono por acá me dejan una comisión si usted decide anotarse, pero eso no le sube el precio a usted ni un peso. Yo solo hablo de lo que ya probé en mi cocina o estudié con juicio entre cafetal y cafetal.

La tradición del desayuno montañero frente al protocolo 16:8

Aquí en Pereira, y más en el campo, el desayuno es sagrado. Mi abuela solía decir que una jornada de recolección sin arepa de maíz, huevo y chocolate caliente era como intentar prender una camioneta sin gasolina. Por eso, cuando empecé con el protocolo 16:8 hace unos seis meses, sentí que estaba traicionando un poquito la memoria de la casa. El curso que hice en Hotmart, ese de La Verdad Sobre el Ayuno Intermitente, explicaba muy clarito que el cuerpo puede usar sus propias reservas, pero el curso no sabía lo que es cargar bultos de café a 1.450 metros de altitud.

Durante la cosecha de mitaca de este año, decidí que no iba a desayunar sino hasta las diez u once de la mañana. Quería ver si esa claridad mental de la que hablan era verdad o puro cuento de gente de oficina. Los primeros días fueron duros, no le voy a mentir. Ese ligero mareo al agacharme por un grano de café caído, recordándome que mi cuerpo aún se estaba adaptando a la nueva rutina, me hizo dudar varias veces. Pero ahí fue donde eché mano de lo que mi abuela sabía sobre las hierbas para engañar al estómago sin romper el descanso digestivo.

Mano sosteniendo una herramienta de campo en un cafetal nublado por la mañana.

Las infusiones de la abuela para calmar la ansiedad mañanera

En el cuaderno de mi abuela, ella tenía anotadas varias "aguas para el sosiego". No las llamaba infusiones, sino simplemente el agüita para cuando el cuerpo pide lo que no debe. Ella usaba mucho el poleo (Mentha pulegium) y la hierbabuena para asentar el estómago. Yo empecé a llevarme un termo con agua de poleo bien caliente, sin una gota de dulce, para las horas de la mañana en el lote.

El curso digital decía que para no romper el ayuno solo se podía tomar café negro o agua, pero yo sentía que el poleo me daba una calma que el café a veces me quitaba, sobre todo cuando uno ya tiene el sistema un poco alterado por el esfuerzo. He aprendido que preparar té de hierbabuena o poleo ayuda mucho a que el estómago no se sienta tan vacío mientras uno llega a la hora de comer. Si le interesa este tema de las plantas para el bienestar, le recomiendo mucho mirar lo que enseñan en aprender sobre plantas medicinales para cuidar la salud de mi familia, que ahí explican bien las propiedades de cada mata.

Lo que sí noté es que, si usaba la hierbabuena muy tierna, la infusión se ponía amarga rápido en el termo. Mi abuela siempre decía que había que dejar marchitar un poquito la hoja antes de ponerla en el agua, y viera que tiene razón; el sabor sale más dulcecito, más amable con el paladar cuando uno está en ayunas.

Termo y taza de cerámica en medio de un cultivo de café en las montañas.

El riesgo de la fatiga en el campo: una lección de humildad

Después de las primeras tres semanas, me di cuenta de algo que el curso no mencionaba con suficiente fuerza: el estrés físico extremo de una administradora de finca no es el mismo que el de alguien que sale a caminar por el parque. Un martes de lluvia intensa, mientras tratábamos de tapar el café en los paseros, sentí que las fuerzas se me iban del todo. Fue una sensación de agotamiento que no se quitaba ni descansando diez minutos bajo el alero.

Ahí entendí que el ayuno intermitente en jornadas de campo puede causar lo que algunos llaman fatiga suprarrenal, que no es más que el cuerpo diciendo que ya no puede con tanto estrés acumulado: el trabajo, el frío, la pendiente y la falta de glucosa inmediata. Mi abuela, sin saber de términos modernos, siempre decía: "Mija, el cuerpo es como una mula, si la carga mucho en la subida, se le echa en la mitad del camino".

Desde ese día, ajusté mi ventana de alimentación al ritmo solar laboral. Si sé que la jornada va a ser de mucho esfuerzo físico, abro mi ventana de comida un poco antes. No se trata de seguir una regla de oro, sino de escuchar el cuerpo. Para esos días donde el cansancio me ganaba, empecé a buscar recetas que me nutrieran de verdad al romper el ayuno, usando mucho de lo que aprendí en el curso de Recetas Naturales Curativas, que combina muy bien las frutas y verduras con las plantas que uno tiene a mano.

Receta manuscrita antigua con hojas de poleo secas sobre el papel amarillento.

La importancia de la primera comida: calidad sobre cantidad

Cuando uno lleva 16 horas sin comer y ha estado trabajando en el cafetal desde el alba, la tentación es comerse hasta el pegado de la olla. Pero he descubierto que la "verdad" del ayuno no es aguantar hambre, sino la calidad nutricional de esa primera comida. Si rompía el ayuno con una arepa llena de mantequilla y chocolate con mucha azúcar, a la hora me daba un sueño que no me dejaba ni llevar las cuentas de la recolección.

Empecé a probar las combinaciones de frutas y hierbas que sugiere el material de Hotmart, pero adaptándolas a lo que hay en la finca. Por ejemplo, una ensalada de papaya con unas hojitas de hierbabuena picada y unas semillas de calabaza que mi abuela siempre guardaba. Eso me daba una energía distinta, más constante, sin esos picos que lo dejan a uno agotado después de almuerzo.

Incluso para los temas de salud más específicos, como cuando me preguntan por recetas con poleo para la tos, he visto que si uno tiene el cuerpo limpio por el ayuno, las plantas parecen actuar más rápido. Pero claro, eso es una observación mía de domingo por la tarde, revisando el cuaderno de notas frente a la montaña.

Paisaje de cafetales en ladera bajo un cielo nublado en la región andina.

Lo que el cuaderno de mi abuela me enseñó sobre el equilibrio

Al final del día, lo que he aprendido en estos meses es que ni el curso tiene la última palabra ni la tradición de la arepa al amanecer es una ley inamovible. Mi abuela paterna, con su rincón de ruda y poleo, sabía que la salud entra por la cocina y por la paz que uno tenga. Ella no conocía el término "ayuno intermitente", pero sí sabía de los "días de limpia" donde solo tomaba caldos claros y aguas de hierbas para dejar que el cuerpo descansara.

Si usted está pensando en probar esto mientras trabaja en el campo o tiene una vida muy activa, yo le diría lo que le digo a mi prima cuando me pregunta: no lo haga por moda. Pruébelo un par de días, vea cómo se siente al agacharse a recoger el grano o al subir la pendiente. Si siente que la cabeza le da vueltas, tómese su agüita de poleo o, si es necesario, rompa el ayuno con algo ligero. Yo no soy médica ni nutricionista, solo soy una mujer que administra una finca y que trata de que lo que aprendió de su abuela no se pierda en el olvido.

Es muy importante que, si usted sufre de la presión, tiene diabetes o toma medicamentos todos los días, hable con su doctor antes de ponerse a inventar con el ayuno. Las plantas son maravillosas, pero también tienen su fuerza y pueden interactuar con los remedios de la farmacia. Yo por mi parte, sigo aquí, con mi cuaderno y mi termo, encontrando ese punto medio donde la ciencia moderna y el saber de la abuela se encuentran para que el cafetal siga dando sus frutos sin que yo me quede en el intento.

Desayuno saludable con arepa de maíz y frutas frescas en una mesa de madera.

Si siente que le falta orden para organizar sus comidas o quiere aprender a usar mejor lo que tiene en la huerta, dele una mirada a Recetas Naturales Curativas. A mí me ha servido mucho para no comer siempre lo mismo y para entender por qué mi abuela mezclaba ciertas cosas. Al final, cuidar la finca empieza por cuidarse uno mismo, ¿no le parece?