Recetas con poleo para la tos persistente del cuaderno de mi abuela

Recetas con poleo para la tos persistente del cuaderno de mi abuela

La semana pasada, durante las noches frías de lluvia que no han dado tregua en la finca, el sonido de una tos seca en la habitación de mi primo me sacó del sueño. Aquí en Pereira, a unos 1,411 metros sobre el nivel del mar, el frío de la montaña se mete por las rendijas de la madera cuando el aguacero arrecia, y no hay cobija que valga si el pecho ya se cerró. Me quedé escuchándolo un rato, sintiendo esa impotencia que da el cansancio de la cosecha, hasta que me acordé que en el cajón de la cocina todavía guardo el rastro de quien sabía qué hacer en estos casos.

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Antes de seguir, quiero contarles algo que siempre le digo a mi prima cuando me pregunta por estas aguas: yo no soy yerbatera, ni nutricionista, ni tengo estudios de medicina. Soy la administradora de esta finca y lo que sé lo aprendí viendo a mi abuela o leyendo sus apuntes. Algunos de los cursos que menciono aquí me dejan una comisión a través de Hotmart si alguien se inscribe, pero como siempre les digo, yo solo recomiendo lo que ya probé en mi propia cocina con mis matas o lo que he revisado de punta a punta. Mi regla es clara: si no sirve para mi familia, no se asoma por este blog.

El regreso al cuaderno de 2022

Desde que mi abuela falleció en 2022, su cuaderno de recetas ha sido mi mapa. Es un cuaderno de hojas amarillentas, con manchas de café y olor a comino, donde ella anotaba desde cuántos bultos de abono se iban en el lote de arriba hasta cómo curar una 'tos de perro'. Al principio me daba miedo tocarlo mucho, como si fuera a romper el recuerdo, pero esta semana la tos de mi primo no me dejó otra opción. Busqué la entrada del poleo, esa que ella llamaba simplemente 'Poleo para el pecho'.

El poleo (que en los cursos que he hecho llaman Mentha pulegium) siempre ha crecido en un rincón del patio, cerca de donde lavamos el café. Es una planta pequeña pero de un aroma que despierta a cualquiera. Al machacarlo contra la madera vieja de la mesa de la cocina, el aroma penetrante y mentolado se mezcla con el vapor del agua hirviendo y uno siente que ya empezó a sanar solo con olerlo. Es un olor limpio, pero fuerte, que se queda pegado en las manos todo el día.

Manos machacando hojas frescas de poleo sobre una mesa de madera rústica.

El error del manojo y la amargura del aprendizaje

Mi primer intento de seguir la receta hace unos meses, durante las primeras lluvias de finales del año pasado, fue un desastre. Mi abuela escribió 'un manojo', y yo, que tengo las manos más grandes que las de ella, eché un puñado generoso en la olleta. El resultado fue una tisana tan amarga que ni con toda la miel de la zona se podía pasar. Además, me dejó una sensación extraña, como de pesadez, que no recordaba de las aguas de mi infancia.

Ahí fue cuando entendí que el saber de la abuela tenía sus mañas que ella no siempre anotaba porque las daba por sentadas. Una tarde de domingo de cosecha, revisando el curso de Recetas Naturales Curativas, que tiene una calificación de 4.5 estrellas por algo, me di cuenta de lo que estaba pasando. El curso explica que el poleo es muy potente y que no se trata de echar por echar, sino de equilibrar la planta con otros ingredientes que suavicen su efecto y protejan el cuerpo.

El curso dice que hay que ser precisos con las cantidades, mientras que mi abuela lo hacía al ojo. Al final, a mí me funcionó lo que yo llamo 'el punto medio': usar solo tres o cuatro ramitas por taza y, lo más importante, aplicar el secreto que encontré traspapelado en una hoja suelta del cuaderno: nunca usar el poleo solo si la tos es de muchos días.

El secreto de la malva y el equilibrio del hígado

Aquí es donde entra lo que me parece más valioso de haber heredado estas recetas. Aunque el poleo es bendito para abrir los bronquios, mi abuela sabía, quizá por puro instinto, que su uso prolongado podía ser pesado para el hígado (lo que hoy llaman hepatotoxicidad). Su secreto era combinarlo siempre con malva. Ella decía que la malva 'enfría lo que el poleo calienta', y en el curso aprendí que esa combinación ayuda a proteger las mucosas y el sistema digestivo mientras el poleo hace su trabajo en los pulmones.

La receta que preparé la noche pasada fue así: puse a hervir agua con una rodaja de limón. Cuando soltó el hervor, apagué el fogón y eché el poleo junto con unas hojas de malva. Lo dejé reposar tapado, porque como aprendí en mis lecturas, si se deja destapado se van los aceites que son los que sirven. Al dárselo a mi primo, vi cómo esa sensación de calor profundo le bajaba por la garganta y le expandía el pecho. Fue el primer rato de silencio absoluto en toda la noche.

Una olleta humeante preparando infusión de poleo y malva en la estufa.

Comparando el cuaderno con la técnica moderna

A veces me siento dividida entre lo que dice el cuaderno y lo que veo en la pantalla. Por ejemplo, el curso de Recetas Naturales Curativas sugiere combinar plantas con frutas y verduras específicas para potenciar el efecto. Mi abuela ya hacía eso con el limón y la miel, pero el curso me dio la estructura que me faltaba. Me enseñó a organizar las recetas por dolencia, lo que me ahorra mucho tiempo cuando llego cansada de revisar los cafetales y solo quiero encontrar algo rápido para un dolor de estómago o una gripa.

Si usted está como yo, tratando de desenredar lo que le contaron de niña, ese curso es una buena guía porque usa cosas que uno tiene en la cocina: zanahoria, cebolla, limón. No le pide a uno hierbas exóticas que solo crecen en el otro lado del mundo. Es muy parecido a lo que aprendí en este otro artículo sobre lo que aprendí este mes sobre sanar con lo que hay en la cocina.

Sin embargo, hay cosas que el curso no tiene, como la maña de marchitar las hojas antes de meterlas al agua. Mi abuela siempre dejaba las hojas de poleo un ratico al sol o cerca del calor de la estufa antes de usarlas. Yo pensaba que era manía, pero ahora siento que eso concentra el aroma. Este mes, al probarlo así, la tisana me quedó mucho más suave, menos 'verde' en el sabor, si es que eso tiene sentido.

Cuaderno de recetas de la abuela junto a un teléfono con un curso digital.

Lo que no me funcionó esta semana

No todo es milagroso. Intenté usar una variedad de poleo que crece más cerca de la quebrada, pensando que sería más fresco, pero resultó ser demasiado fuerte, casi picante. Mi primo me dijo que le sabía a jabón y terminó dándole un poco de náuseas. Ahí comprendí por qué mi abuela mantenía su 'esquina de las hierbas' bien separada y controlada. No todas las matas que se parecen funcionan igual. Si usted no está segura de qué planta tiene en el patio, a veces es mejor buscar algo como el curso de Aprende Plantas Curativas, que ayuda más con la identificación botánica que con las recetas en sí.

También es importante recordar que lo que le sirve a uno no siempre le sirve al otro. Si la tos persiste por más de un par de días o si hay fiebre, yo no me pongo a inventar con el cuaderno; ahí mismo le digo a mi primo que bajemos al pueblo a que lo vea el médico. Las hierbas son compañeras de camino, no reemplazos de la ciencia, especialmente si uno ya está tomando remedios para la presión o el azúcar, porque el poleo puede interferir con algunas medicinas.

Reflexiones desde el cafetal

Administrar una finca como esta requiere orden, pero cuidar a la familia requiere memoria. Cada vez que preparo una de estas aguas, siento que estoy conversando con mi abuela. Ella no sabía de términos botánicos complicados, pero sabía leer el cuerpo de su gente como yo leo el color de la cereza del café para saber si ya está de cosecha.

Si usted tiene un cuaderno viejo en la casa, no lo deje guardado. Pruebe, huela, equivoquese con las cantidades (con cuidado, claro) y vuelva a empezar. Es una forma de mantener viva a la gente que nos enseñó a querer la tierra. Y si siente que le falta orden, busque una guía que le hable claro, como la que yo uso, para que no termine tomando algo que le amargue el día.

Manos sosteniendo una taza caliente de tisana de poleo durante una noche fría.

Por ahora, el silencio en la casa me dice que el poleo y la malva hicieron su trabajo. Mañana será otro día de mucho voleo con la carga de café, pero al menos dormiremos tranquilos. Si le interesa saber más sobre cómo uso otras hierbas del patio, puede leer sobre cómo preparar té de hierbabuena para el dolor de estómago fuerte, que es otra de las fijas aquí en la finca. Cuídese mucho y hable con su doctor si esa tos no se le quita, que la salud no es juego.