Usar tomillo para el dolor de garganta según las recetas de mi abuela

Corto las ramas de tomillo con los dedos todavía fríos, sin pararme a contar cuántas arranco, porque la garganta me arde con cada trago y ya hay trabajadores esperando el tinto en la cocina. Esta es la hierba que más uso para el dolor de garganta en la finca, y también la que más mitos carga encima.

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El mito más repetido entre quienes empezamos a usar lo que sembraba la abuela es que el tomillo cura cualquier dolor de garganta, sin importar la causa, y que entre más fuerte se prepare la infusión, más rápido pega el alivio. Ninguna de las dos cosas es cierta. La primera la aprendí de la peor manera, dejando hervir una olla entera hasta convertirla en un líquido oscuro e imbebible que terminé botando en el sifón, furiosa conmigo misma por desperdiciar la hierba.

Hervir con fuerza no cura más rápido

Puse las ramas en agua y las dejé hervir a borbollones mientras organizaba unos costales, sin ponerle mucho cuidado a la olla. Cuando por fin me serví la taza, el sabor era amargo de verdad, nada que se pudiera tomar con dolor de garganta o sin él.

Uno de los cursos de Hotmart que reviso, Recetas Naturales Curativas, explica que el tomillo suelta aceites volátiles que se evaporan si el agua sigue hirviendo con fuerza, hervir de más no concentra el remedio, lo destruye. Mi abuela nunca leyó ningún módulo sobre eso; en su cuaderno solo decía 'antes de que salte', que resultó ser la misma idea con otras palabras.

Acá en la montaña el agua se comporta distinto que en tierra caliente, así que ya no me fío de contar minutos exactos con el agua a chorros. Lo que hago ahora es calentar hasta que salen las primeras burbujitas del fondo, apagar el fogón ahí mismo, y echar el tomillo a reposar tapado. Ese es el punto que hay que buscar, no el hervor fuerte que muchas seguimos pensando que hace falta.

Así preparo la infusión ahora

La receta que uso ya no es exactamente la del cuaderno, pero se le parece bastante. Un puñado de tomillo fresco, si es seco, uso menos porque el sabor sale más concentrado, va en una taza de agua recién apagada del fogón, nunca hirviendo a chorros. Tapo la taza y dejo reposar diez minutos, ni más ni menos: antes de ese tiempo el sabor no ha salido del todo, y después empieza a amargar otra vez.

Le agrego una cucharada de miel de abejas de la región, o un pedacito de panela si no hay miel a la mano, y unas gotas de limón cuando la garganta está muy roja e inflamada. Ese calor suave bajando por el esófago, y la sensación de que la inflamación afloja después de dos o tres sorbos, es lo que me convence de que no todo tiene que resolverse con pastillas de farmacia.

Cuando además del dolor de garganta siento que el frío se me subió a la cabeza, uso también el eucalipto para la congestión nasal, pero esa es otra preparación completa, no un ingrediente que se le agrega a esta misma taza.

El tomillo no sirve para cualquier dolor de garganta

No siempre, y ese es el segundo mito que hay que tumbar. El tomillo tiene un lado astringente, reseca, que puede jugar en contra si la garganta ya está deshidratada por otra causa, no solo por el frío de la madrugada entre los cafetales.

En uno de los módulos de Aprende Plantas Curativas leí sobre las propiedades astringentes de varias hierbas de hoja parecida al tomillo, y eso me hizo pensar en un conocido que entrena en bicicleta de montaña por los caminos veredales del Eje Cafetero, cerca del pueblo de Salento. Una vez me preguntó si el tomillo le servía para la garganta reseca que le quedaba después de una subida larga.

Le dije que no era la mejor idea: si uno ya llega deshidratado de tanto respirar fuerte cuesta arriba, sumarle algo que reseca todavía más no ayuda. Le sugerí mejor una infusión de orégano, más suave para ese caso puntual, y ahí confirmé lo que había leído: el tomillo funciona mejor para una garganta irritada por frío o por el polvo de la cosecha, no para una que ya está seca de por sí.

Lo que la huerta no garantiza

El tercer mito, y tal vez el más peligroso, es pensar que porque una planta sale de la huerta de la abuela no le puede hacer daño a nadie. Eso tampoco es cierto. El tomillo, como cualquier hierba con principios activos fuertes, puede interactuar con medicamentos recetados, sobre todo los que ya de por sí afectan la presión o la coagulación, y ahí no hay cuaderno de abuela que pese más que la palabra de un médico.

Subí hasta la bodega de café sin pararme ni una vez a recuperar el aliento, y fue en ese momento que noté que ya no sentía la garganta raspada con cada respiro. Pero eso no prueba que el tomillo cure todo, ni que sirva sin medir el contexto de cada quien. Antes de este cuaderno probé de todo un poco, hasta una dieta de moda que me dejó sin energía para los turnos de la finca, y esa experiencia me enseñó a desconfiar de cualquier remedio que promete arreglarlo todo de una sola vez.

Cuaderno y curso: dos maneras de decir lo mismo

Cada cierto tiempo me siento a comparar lo que dice el cuaderno de mi abuela con lo que enseña Recetas Naturales Curativas, y la coincidencia es mayor de lo que yo esperaba al principio. La ciencia moderna casi siempre le pone un nombre técnico a algo que las abuelas ya hacían por costumbre y por ensayo y error en su propia cocina.

Si alguien anda buscando cómo cuidar a los suyos con lo que tiene en la huerta o en la plaza de mercado, este tipo de guías ayuda a no repetir los mismos errores que yo cometí al principio, sobre todo el de creer que más hervor es igual a más remedio.

Lo que yo le digo a mi prima cuando me pregunta por el tomillo es lo mismo que le digo a cualquiera: sirve, y sirve bien para la garganta irritada por frío o por polvo de cosecha, pero no reemplaza una consulta médica si hay medicamentos de por medio o alguna condición ya diagnosticada. Tratar una planta potente como si fuera inofensiva solo por costumbre es, quizás, el mito más grande de todos.