Cómo usar ortiga para la circulación de las piernas cansadas

Cómo usar ortiga para la circulación de las piernas cansadas

Las botas de caucho pesan el doble cuando uno llega de recorrer los lotes de café en plena cosecha. No es solo el barro que se les pega, sino ese cansancio que se mete en las pantorrillas y las deja a uno como si tuviera piedras en lugar de músculos. Durante la cosecha de fin de año del 2025, sentía que las piernas no me daban más al llegar a la casa, y fue ahí cuando me puse a buscar en el cuaderno de mi abuela algo que me ayudara a mover la sangre.

El reencuentro con la ortiga en el cuaderno de mi abuela

Revisando esas páginas manchadas de café y tiempo, encontré una entrada donde mi abuela hablaba de la ortiga para 'despertar las venas'. Ella siempre decía que lo que pica por fuera, limpia por dentro o aviva lo que está dormido. Yo recordaba verla recogiendo las matas cerca de la quebrada, pero nunca le puse cuidado al proceso hasta ahora que me toca a mí llevar las riendas de la finca y del cuerpo, que ya no es el de una muchachita.

Ortiga mayor creciendo silvestre cerca de una quebrada en el Eje Cafetero colombiano.

Lo curioso es que lo que ella llamaba simplemente ortiga, en el curso de Hotmart que estoy haciendo lo nombran como Urtica dioica (ortiga mayor). Es la misma planta que crece silvestre en los bordes húmedos de nuestro cafetal, llegando a veces hasta el 1.5 metros de altura si uno la deja quieta. Es una planta que impone respeto, no solo por sus pelos que arden, sino por esa fuerza verde que tiene para crecer donde sea.

La recolección: un ritual de cuidado y guantes

Varias semanas después de empezar a leer sobre el tema, me decidí a ir por ella. Mi abuela la recogía con las manos desnudas, decía que ese 'picantico' le quitaba el dolor de las articulaciones, pero yo todavía no soy tan valiente. Me puse mis guantes de cuero, los mismos que uso para manejar herramientas pesadas, porque sé que esos tricomas (pelos urticantes) están llenos de ácido fórmico e histamina, y no quería terminar con las manos hinchadas antes de preparar la cena.

Busqué las plantas más jóvenes cerca de la zona sombreada de la quebrada. Hay algo muy especial en el sonido del agua mientras uno corta las ramas; se siente como si la naturaleza misma estuviera dándote permiso. Aprendí que es mejor cortarla antes de que florezca del todo para que mantenga sus propiedades para la circulación, que según dicen, vienen de su riqueza en potasio y flavonoides.

Manos con guantes de cuero sosteniendo ortiga fresca recién cortada en la finca.

Preparando el baño de pies para las piernas pesadas

Una tarde de lluvia reciente, cuando el frío de Pereira se mete por las rendijas de la cocina, puse a calentar el agua en mi olla de peltre favorita. El curso de plantas que sigo recomienda no dejar que el agua hierva a borbotones, sino bajarla justo antes, a unos 90 grados centígrados, para no 'quemar' las sales minerales. Mi abuela no usaba termómetros, claro; ella simplemente esperaba a que las burbujitas empezaran a subir como ojitos de pescado.

Eché un buen puñado de hojas frescas en el agua y la dejé reposar. Al soltar el hervor, se desprende un aroma verde y profundamente terroso, casi como espinaca concentrada, que llena toda la cocina y me hace pensar en los domingos de descanso de mi infancia. Lo dejé en infusión por unos 20 minutos, que es el tiempo que me toma terminar de organizar los papeles de los jornales del día.

La sensación del alivio y una advertencia importante

Cuando el agua estuvo tibia, sumergí los pies en el líquido oscuro. Lo primero que sentí fue un hormigueo eléctrico y reconfortante que sube desde los tobillos hasta las rodillas al sumergir los pies. Es como si la sangre, que estaba estancada por tanto caminar en las laderas, de repente encontrara el camino de vuelta. Es una sensación de frescura que contrasta con el calor del agua, algo difícil de explicar pero muy necesario después de diez horas de trabajo.

Olla de peltre humeante con infusión oscura de ortiga en una estufa rústica.

Sin embargo, aquí es donde el curso me enseñó algo que mi abuela no mencionaba, quizás porque en su época no se hablaba tanto de tecnicismos. Resulta que la aplicación tópica de ortiga puede ser contraproducente en piernas con insuficiencia venosa crónica grave. Ese efecto que 'mueve la sangre' (rubefaciente) aumenta la inflamación local en tejidos que ya están muy debilitados. Yo se lo digo siempre a mi prima cuando me pregunta: si tiene las venas ya muy brotadas y la piel delgadita, mejor no use el agua tan caliente ni tan concentrada, porque le puede resultar peor el remedio que la enfermedad.

En esos días de tanto ajetreo, también me ha servido mucho recordar lo que escribí sobre las plantas para calmar la ansiedad y dormir mejor en épocas de estrés, porque a veces el cansancio de las piernas no deja que la cabeza se apague. Una cosa va ligada a la otra, y en la finca uno aprende que el cuerpo es un solo sistema que hay que cuidar por todos lados.

Reflexiones desde la cocina de la finca

A veces me pregunto si estoy haciendo bien las cosas, mezclando lo que dice un video de internet con lo que mi abuela dejó escrito en su cuaderno manchado. Pero al final del día, cuando siento las piernas ligeras y puedo subir las escalas hacia el cuarto sin que me pesen los años, siento que ella está aquí conmigo. La ortiga, que muchos ven como una maleza que estorba en el cafetal, es para mí ahora una aliada.

Cuaderno de recetas de la abuela abierto en la página de la ortiga con una taza de barro.

He probado también a tomarla en infusión, pero la verdad es que el sabor es muy fuerte y me cae un poco pesado al estómago si no he comido bien. Prefiero mil veces el baño de pies o incluso usar ajo para bajar la presión arterial de forma natural cuando siento que la circulación general está un poco lenta. Cada cuerpo es un mundo y uno va encontrando qué le sirve más.

Como siempre le digo a la gente que viene a la finca, yo no soy doctora ni tengo estudios de medicina. Solo soy una administradora que intenta recuperar la sabiduría de su familia. Por eso, antes de ponerse a experimentar con las hierbas, sobre todo si ya está tomando pastillas para la presión o para la sangre, hable con su médico. Lo que a mí me sirve para las piernas después de recoger café puede no ser lo que usted necesita, y siempre es mejor ir a la fija con un profesional.