
Cuando las lluvias no dan tregua y el cuerpo empieza a cobrarle cada madrugada mojada recogiendo café aquí en el Eje Cafetero, en la finca esa pregunta se repite cada vez que entra la temporada de aguas, y este año no ha sido la excepción, entre las cuentas de la finca y las gripas que van y vienen entre los recolectores, algo hay que hacer antes de que el cuerpo termine de pasarle la cuenta a una.
No soy médica ni nutricionista, ni tengo cartón que me respalde en temas de salud, apenas administro la finca y heredé, en 2022, el cuaderno de recetas de mi abuela paterna. Esta temporada de lluvias la respuesta que más me ha funcionado es un té de jengibre bien hecho, de esos que ayudan a subir las defensas naturales sin salir corriendo a la droguería por cualquier cosa. Cuento aquí lo que voy probando con mis propias manos y lo que voy sacando en limpio de los cursos que reviso los domingos; algunos, como ya les he dicho antes, traen enlace de Hotmart, y si alguien se inscribe me llega una comisión que paga el vendedor sin que a usted le cambie el precio. Mi regla sigue siendo la misma: nada entra a este blog si no lo he cocinado primero con mis propias hierbas.
Las recetas de la abuela contra el módulo del curso
Entre los cajones de la cocina seguía el cuaderno de mi abuela, manchado de café y con las hojas pegajosas, pero con la letra apretada todavía firme. Ahí estaba su receta para el té de jengibre para el frío, la misma que les hacía a los recolectores cuando llegaban empapados y con los labios morados durante las cosechas de lluvia. Ella nunca le decía raíz, sabía que el jengibre es un rizoma (Zingiber officinale) y lo trataba con un respeto que a mí todavía me cuesta igualar.
El curso de Recetas Naturales Curativas llega al mismo jengibre por otro camino: fichas, módulos, un orden que el cuaderno de mi abuela nunca tuvo porque ella lo llevaba todo en la cabeza. Puestas una al lado de la otra, las dos versiones coinciden en lo esencial, el jengibre calienta, despeja, ayuda al cuerpo a plantarse frente al frío, pero se separan justo en la manera de prepararlo, y ahí es donde vale la pena mirar con calma.
Pelar con cuchara vieja o con pelador: la primera diferencia que sí importa
Mi abuela nunca pelaba el jengibre con cuchillo; usaba el filo de una cuchara de plata vieja, boca abajo, raspando despacio. Decía que el metal afilado "le cortaba la fuerza" a la raíz. Terca como soy, probé primero con el pelador de papas de la cocina y me di cuenta enseguida de que se llevaba de más justo la parte de abajo de la cáscara, donde el jengibre pica más fuerte. El curso, por su lado, recomienda un pelador fino y medir la cantidad por peso antes de rasparla; mi abuela medía con la primera falange del dedo gordo para un pocillo tintero de los de aquí, de esos pequeños. Ninguna de las dos maneras está mal, pero la cuchara vieja deja menos desperdicio y a mí me toma menos tiempo que andar buscando la báscula de cocina cada domingo.

Cuánto tiempo aguanta el jengibre al fuego antes de arruinarse
El chisporroteo de la leña se nota justo antes de que el agua rompa a hervir, y ese es el momento en que mi abuela bajaba la llama sin mirar reloj, por costumbre y no por receta escrita. Yo sí he tenido que aprender a las malas. Una tarde de tormenta, convencida de que "más era mejor", dejé un trozo grande de jengibre hirviendo casi media hora mientras atendía una llamada de un proveedor. Cuando serví la infusión aquello quemaba la garganta, intomable, como tragar candela, y tuve que botarlo todo.
Según el curso, sin entrar en detalles que a mí ya se me escapan, entre más tiempo pase el jengibre al fuego más fuerte se pone su efecto, y pasarse no mejora nada: solo vuelve la bebida imposible de tomar y le puede caer pesado al estómago. Mi abuela nunca necesitó esa explicación; para ella bastaba con probar una cucharadita a mitad de cocción y apagar cuando el sabor picaba "lo justo". Entre las dos, la prueba de la cuchara sigue siendo más rápida que cualquier cronómetro, aunque reconozco que el curso me ayudó a entender por qué un hervor suave y corto rinde más que media hora de exceso.

Antes de este cuaderno probé de todo para no enfermarme en época de lluvias, incluyendo una dieta de moda que prometía subir las defensas por otro lado y que lo único que me dejó fue sin energía para los turnos de la finca. Un vecino que entrena en bicicleta de montaña por los caminos veredales del Eje Cafetero me dice que a él le pasa parecido con las lluvias: si no compensa con algo caliente después de mojarse, la gripa lo alcanza a los dos días. El té de jengibre, con o sin curso de por medio, ha sido lo único que de verdad me ha sostenido en esta temporada de aguas.
La pimienta y el limón que mi abuela jamás puso en la olla
Hace poco empecé a agregarle al final una pizca de pimienta negra y el jugo de medio limón, algo que el curso menciona y que en el cuaderno de mi abuela no aparece por ningún lado. En el curso explican que la pimienta ayuda a que el cuerpo aproveche mejor el jengibre, y que el limón suma esa vitamina C que cae bien cuando el clima se pone pesado semana tras semana. Serví la mezcla en mi pocillo de siempre, con la neblina bajando por la montaña al otro lado de la ventana, y el resultado fue un sabor más redondo, menos agresivo que el jengibre solo.
Pienso que mi abuela, de estar aquí, diría que "cada cual con su tema" y seguiría de largo, pero también sé que se quedaría con la versión que funcione, así viniera de una pantalla y no de su propio cuaderno. Esa mezcla de pimienta y limón es, para mí, el mejor ejemplo de que las dos recetas no compiten: se completan.

Cuándo el jengibre para las defensas no es tan buena idea
No todo es medida perfecta con esta raíz. Tenemos un trabajador en la finca que sufre de gastritis fuerte, y una vez, tratando de espantar una gripa, se tomó un té de jengibre bien cargado en ayunas. Terminó doblado del dolor de estómago toda la mañana. El jengibre, por más natural que sea, es un irritante serio para una mucosa ya inflamada, y ahí no hay cuaderno de abuela ni curso de Hotmart que valga.
Si usted sufre de úlceras o de gastritis fuerte, el jengibre le puede salir más caro que el resfriado que quería evitar, no toda hierba le sirve a todo el mundo por igual, y esa es justamente la lógica detrás de emparejar cada hierba con la dolencia correcta antes de recetársela uno mismo. Yo tengo estómago de acero y aun así prefiero no tomarlo en ayunas. Si además toma medicamentos para la presión o para la sangre, vale la pena leer antes sobre cómo se cruzan las hierbas y los medicamentos, en aprender sobre plantas medicinales para cuidar la salud de mi familia dejé anotado lo que a mí me ha tocado revisar antes de mezclar cualquier cosa con lo que ya toma la familia. Y si el estómago es lo suyo delicado, las recetas con poleo para la tos son bastante más nobles con el sistema digestivo.

Cuál gano yo: la cuchara de plata o el módulo del curso
Ninguna de las dos por separado, la verdad. Cuando el frío es leve y tengo tiempo de sobra un domingo, sigo al pie de la letra lo que dejó mi abuela: cuchara vieja, trozo pequeño, agua fría, fuego bajo hasta que huela lo suficiente, sin cronómetro ni báscula. Cuando el malestar ya viene fuerte y necesito acertar rápido, uso lo que saqué del curso, el hervor corto y controlado, la pimienta y el limón al final, porque ahí sí me ha servido tener un orden más exacto que el que da un cuaderno viejo. El método de mi abuela lo elijo para sostener toda la temporada de lluvias; el del curso, para los días en que ya siento que el cuerpo me está pasando factura.
Raspo el trozo de jengibre con la cuchara vieja, lo pongo en agua fría, subo el fuego hasta que rompa a hervir y luego lo bajo unos minutos, apago, dejo caer la pimienta, tapo y dejo reposar antes de colar; al final va el limón y, si la semana ha pesado más de la cuenta, una cucharadita de miel de la región. Ninguna medida sale de laboratorio, pero la constancia importa más que la exactitud.

Fue doblando las cobijas una mañana cualquiera que caí en cuenta de que ya ni me acordaba de la última vez que me había acostado con el estómago apretado por el frío de estas lluvias. No sé si fue el jengibre, la pimienta o la simple costumbre de cuidarme un poco más, pero ahí sigo, entre el cuaderno de mi abuela y las notas del curso, agarrando de cada uno lo que de verdad me sostiene en esta temporada de aguas del Eje Cafetero.
Si quiere empezar por algún lado, el curso de Recetas Naturales Curativas da ese orden que un cuaderno heredado no siempre tiene, sobre todo si usted no creció viendo a nadie preparar estas infusiones curativas en la cocina de la casa.
Y aunque tenga estómago de acero, siempre le digo lo mismo a mi prima cuando me pregunta por estas recetas: antes de volver esto un hábito diario, consulte con su médico, sobre todo si toma medicamentos para la presión o la sangre, porque el jengibre también mete la mano ahí. La naturaleza pone las herramientas, pero a nosotros nos toca la paciencia de usarlas bien, y este invierno de lluvias en Pereira no perdona a los descuidados.