Preparar té de jengibre para subir defensas durante las lluvias de invierno

Preparar té de jengibre para subir defensas durante las lluvias de invierno

Afuera el agua no para y el cielo de Pereira parece una sábana gris que se quedó enredada entre los cafetales. Desde que empezaron las primeras lluvias de abril hasta este septiembre gris que estamos pasando, el frío se me ha metido en los huesos de una forma que no recordaba. Esta tarde de lluvia cerrada sobre el cafetal, mientras revisaba las cuentas en la oficina de la finca, sentí el primer aviso de estornudo y supe que tenía que bajar a la cocina antes de que el cuerpo me pasara factura.

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No soy médica, ni nutricionista, ni tengo cartones de nada que tenga que ver con la salud; solo soy una mujer que administra su finca y que heredó el cuaderno de recetas de su abuela paterna en 2022. Lo que escribo aquí es mi propia experiencia bregando con las plantas y lo que he ido aprendiendo en el camino. Por cierto, les cuento que algunos de los cursos que menciono tienen enlaces de Hotmart. Si alguien decide inscribirse, a mí me corresponde una pequeña comisión que paga el vendedor, pero a ustedes les sale por el mismo precio. Mi regla de oro es que nada aparece en este blog si no lo he probado primero con mis propias hierbas o lo he revisado de cabo a rabo en mis domingos de estudio.

El regreso al cuaderno de mi abuela

Buscando entre los cajones de la cocina, encontré el cuaderno de mi abuela. Está manchado de café y tiene las hojas un poco pegajosas, pero su letra apretada sigue ahí, firme. Encontré su receta para el 'té de jengibre para el frío', una preparación que ella nos hacía durante las cosechas húmedas cuando los recolectores llegaban empapados y con los labios morados. Ella no le decía raíz, siempre supo que el jengibre es un rizoma (Zingiber officinale), y lo trataba con un respeto que yo apenas estoy empezando a entender.

Mi abuela solía decir que el jengibre despertaba el fuego interno. Ahora, después de ver algunas lecciones de Recetas Naturales Curativas, entiendo que ese 'fuego' tiene mucho que ver con los aceites volátiles, que suelen estar entre el 1% y el 3% en un buen rizoma fresco. Estos aceites son los que contienen los gingeroles, que son los responsables de ese picantico que le calienta a uno el pecho nada más dar el primer sorbo.

Manos pelando jengibre fresco con una cuchara de plata antigua sobre madera.

Pelar y preparar: Un ritual de paciencia

A mediados de mayo, cuando la lluvia arreció por primera vez este año, intenté seguir la técnica de mi abuela para pelar el jengibre. Ella nunca usaba un cuchillo afilado; siempre usaba el borde de una cuchara de plata vieja. Decía que el cuchillo 'le cortaba la fuerza'. Yo, que a veces soy un poco terca, probé con el pelador de papas y me di cuenta de que desperdiciaba mucha pulpa, justo donde se concentran más esos aceites que buscamos.

Al rasparlo con la cuchara, el aroma picante y cítrico del jengibre fresco inunda la cocina de inmediato. Es un olor que se mezcla con la humedad de la tierra afuera y el vapor que empieza a empañar los vidrios de la ventana que da al patio. Es un momento que me hace sentir que ella está ahí conmigo, vigilando que no haga las cosas a las carreras. En el cuaderno ella anotaba que para un pocillo tintero colombiano —esos que tenemos aquí de unos 150 ml— bastaba con un trozo del tamaño de la primera falange del dedo gordo.

En el curso que estoy haciendo aprendí algo que mi abuela quizás hacía por instinto pero que yo no sabía: el jengibre cambia sus propiedades según cómo se trate. Cuando está fresco tiene gingeroles, pero cuando se calienta o se seca, estos se transforman en shogaoles, que son todavía más potentes para calentar el cuerpo. Por eso, el tiempo de hervor no es un detalle menor.

Rodajas de jengibre hirviendo suavemente en una olla pequeña de cocina.

El error de la impaciencia: Una lección picante

Una tarde de tormenta en julio, cometí un error que todavía me hace dar risa. Estaba tan congestionada y con tanto frío que pensé que 'más era mejor'. Puse a hervir un trozo enorme de jengibre y lo dejé en el fogón casi media hora mientras atendía una llamada de un proveedor de abonos. Cuando volví y serví el té, aquello estaba tan picante que me quemaba la garganta; era intomable, como si me estuviera pasando una brasa encendida. Tuve que botarlo todo.

Ahí es donde el curso me dio la razón: el límite diario recomendado para un adulto sano es de unos 4 gramos de jengibre. Pasarse de ahí no solo hace que el sabor sea insoportable, sino que puede irritar el estómago de una forma innecesaria. Mi abuela nunca midió en gramos, ella usaba 'la pizca' o 'el trocito', pero su medida siempre fue más sabia que mi afán de curarme rápido. Aprendí que con unos diez minutos de hervor suave es más que suficiente para extraer lo que necesitamos sin volver la bebida una tortura.

Si te interesa profundizar en cómo combinar estos ingredientes sin cometer mis errores, te recomiendo echarle un ojo a aprender sobre plantas medicinales para cuidar la salud de mi familia, que es lo que me ha ayudado a no perder la cabeza entre tantas recetas.

Pocillo de té de jengibre con limón y pimienta negra en una mesa rústica.

El toque moderno: Limón y pimienta

Hace unas tres semanas, decidí probar algo que mencionaban en las notas del curso de Hotmart y que mi abuela no solía hacer: añadir una pizca de pimienta negra y el jugo de medio limón justo al final. El curso explicaba que la piperina de la pimienta ayuda a que el cuerpo absorba mejor ciertos compuestos, y el limón aporta esa vitamina C que tanto necesitamos cuando el clima se pone pesado.

Preparé la mezcla un domingo de lluvia persistente. Puse el agua, el jengibre raspado y, cuando ya iba a apagar el fogón, solté la pimienta. Al servirlo en mi pocillo favorito, le exprimí el limón. El resultado fue un sabor mucho más redondo, menos 'agresivo' que el jengibre solo. Mientras veía la neblina bajar por la montaña, sentí esa sensación de hormigueo cálido que empieza en el pecho y baja hasta la punta de los dedos. Es como si el cuerpo se despertara y le dijera al frío que aquí no es bienvenido.

Pienso mucho en mi abuela escribiendo estas recetas en su cuaderno sin saber que años después yo las estaría validando con un curso digital desde la misma cocina donde ella hacía sus tisanas. Me pregunto qué pensaría ella de la pimienta; probablemente me diría que 'cada cual con su tema', pero que mientras funcione, bienvenido sea.

Ventana empañada de cocina viendo hacia el cafetal lluvioso de Pereira.

Una advertencia necesaria: El jengibre y el estómago delicado

Pero no todo es color de rosa con el jengibre, y esto es algo que me gusta aclarar porque lo he visto aquí en la finca. Tenemos un trabajador que sufre mucho de gastritis y una vez, tratando de evitar una gripa, se tomó un té de jengibre muy cargado en ayunas. El pobre terminó con un dolor de estómago que lo dejó doblado toda la mañana. El jengibre, por muy natural que sea, es un irritante potente para la mucosa del estómago si esta ya está inflamada.

Si usted sufre de úlceras o de gastritis fuerte, el jengibre para las defensas puede ser peor el remedio que la enfermedad. Es lo que yo siempre le digo a mi prima cuando me pregunta: no porque sea una planta significa que le sirve a todo el mundo por igual. Yo tengo la suerte de tener un estómago de acero, pero siempre hay que escuchar al cuerpo. Si siente que le arde o que le da agrieras, mejor busque otras opciones como las recetas con poleo para la tos, que son mucho más nobles con el sistema digestivo.

Incluso si no tiene problemas de estómago, siempre es bueno consultar con su doctor antes de volver esto un hábito diario, especialmente si toma medicamentos para la presión o para la sangre, porque el jengibre también mete su mano ahí y puede alterar cómo funcionan las medicinas.

Cuaderno de recetas de la abuela abierto con notas sobre plantas medicinales.

Cómo lo preparo yo ahora

Después de estos meses de ensayo y error, mi ritual de domingo para las lluvias es sencillo pero estricto. No uso medidas de laboratorio, pero trato de ser constante:

Este proceso me ha servido para mantenerme en pie mientras todos a mi alrededor parecen estar cayendo con gripas y malestares. Siento que recuperar estos saberes es una forma de no dejar que la historia de mi abuela se borre con el agua de estas tormentas. Si quieren empezar este camino de sanar con lo que hay en la cocina, les recomiendo mucho el curso de Recetas Naturales Curativas, porque da ese orden que a veces nos falta cuando solo tenemos un cuaderno viejo y muchas ganas de aprender.

Al final del día, lo más importante es entender que la naturaleza nos da las herramientas, pero nosotros tenemos que poner la paciencia y el cuidado para usarlas bien. Cuídense mucho de esos cambios de clima, que este invierno de Pereira no perdona a los descuidados.