Aprender sobre plantas medicinales para cuidar la salud de mi familia

Plantas medicinales y recetas naturales para la salud familiar en una finca del Eje Cafetero

Ninguna receta del cuaderno de mi abuela trae cantidades en gramos. Ella anotaba «un puñado de hierbabuena» o «hasta que se sienta espesito», y con eso bastaba para cuidar la salud de toda la familia en esta parte del Eje Cafetero. Administrar la finca, aquí en el corregimiento de Tribunas, me dejó ordenada para las planillas y los jornales, pero frente a esas plantas medicinales heredadas necesitaba otro tipo de método: uno que me dijera, antes de servir cualquier receta natural, qué revisar primero para no arriesgar la salud familiar de nadie en la casa.

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Antes de darle una hierba nueva a la familia, reviso tres cosas

Primero pregunto, así sea de pasada, si alguien de la casa está tomando pastillas para la presión, el azúcar o cualquier cosa recetada por el médico. Segundo, miro la hoja: no es lo mismo una mata que creció a la sombra del corredor techado que una que pasó el día entero al sol, allá donde el terreno baja hacia la Vereda La Florida, el clima le cambia el sabor, y mi abuela siempre decía que el sol fuerte también le quitaba mansedumbre a la hierba. Tercero, empiezo siempre con una cantidad chiquita y espero un rato antes de servir la olla completa, en vez de lanzarme de una con la receta entera. Suena obvio dicho así, pero ese orden cambió por completo cómo uso hoy el cuaderno de mi abuela.

Nombrar bien las plantas medicinales del Eje Cafetero

Aquí en el Eje Cafetero una misma mata cambia de nombre de vereda en vereda, y mi abuela llamaba a las cosas como las llamaba su gente, no como las llama un libro. La hierbabuena de hoja crespa, por ejemplo, ella la conocía solo por el tacto y el olor de la hoja; el nombre botánico (Mentha spicata) lo puse yo después, entre paréntesis, para no perder de vista cuál es cuál cuando reviso una receta nueva. Para ese trabajo de identificación me ayudó bastante Aprende Plantas Curativas, que tiene una calificación de 4.3 y va ficha por ficha, planta por planta, en lugar de asumir que uno ya sabe distinguir todo a simple vista. Ahí también aprendí a separar con más cuidado lo que es una hierba de sazón de lo que es una hierba medicinal. Ese tema da para su propio capítulo aparte, así que no me voy a meter hoy.

Primer plano de un cuaderno de recetas naturales escrito a mano, con hojas secas de plantas medicinales prensadas entre las páginas.

El cuaderno de mi abuela frente al módulo del curso

Ella escribía que había que dejar la hoja "sudando" en agua caliente, nunca hirviendo con fuerza; el curso que estoy revisando ahora, Recetas Naturales Curativas, con una calificación de 4.5, ordena esa misma idea combinando la planta con frutas y verduras de mercado corriente, no con ingredientes exóticos que aquí nadie consigue. El curso dice que hay una técnica; mi abuela hacía lo mismo por costumbre, sin nombrarla; a mí, este mes, me sirvió juntar las dos cosas: seguir su intuición para la cantidad y el punto del agua, y usar la estructura del curso para no saltarme pasos cuando la receta es nueva para mí. La manera exacta de armar bien una infusión sin quemarle los aceites a la hoja es, de hecho, tema para otro artículo completo. Aquí solo lo dejo anotado de pasada.

¿Interactúa con lo que ya toma alguien en casa?

Esa pregunta es, para mí, la que de verdad separa una receta natural de un problema. Antes de repetir cualquier mezcla del cuaderno le pregunto a la persona (sin sonar dramática, solo como quien pregunta si quiere azúcar en el tinto) qué está tomando recetado: pastillas para la presión, para el azúcar, anticoagulantes, algo para dormir. Si la respuesta es sí a cualquiera de esas, la regla en mi casa es simple: no se sirve la receta sin que esa persona hable primero con su médico, porque una planta que a mí no me hace nada puede cambiarle el efecto a un medicamento recetado. Tampoco sirvo nada nuevo si la persona está embarazada, lactando o tiene una condición crónica ya diagnosticada, ahí prefiero quedarme corta que arriesgarme. Rubí Castaño, una lectora de Cali que ha probado varias recetas para la gastritis, me escribió hace poco contándome que ella primero les manda los artículos a sus vecinas antes de probarlos ella misma, y me pareció el instinto correcto: leer, preguntar, y solo después servir la taza. Para esa clase de dolencia puntual hay programas más específicos, como Gastritis y H.Pylori Natural, que apenas tiene 9 reseñas pero se enfoca en una sola condición en lugar de abarcar de todo; de todos modos, elegir bien la hierba según el malestar digestivo específico (no todas sirven para lo mismo) es, otra vez, tema para otro día.

Manos desmoronando hojas secas de hierbabuena, una de las plantas medicinales de la receta, sobre un cuenco de cerámica en la cocina de la finca.

Una mezcla que no me funcionó

Fue la que compré ya lista en la plaza de mercado, pensando que ahorraba tiempo. Eran hierbas secas revueltas en una bolsita, sin ninguna instrucción de cómo prepararlas, y las usé como si fueran intercambiables con lo que cultivo en el patio. El resultado fue una tisana floja, sin sabor y sin ningún efecto que yo pudiera notar, y me tocó aceptar que no toda hierba comprada rinde igual que una cortada y usada el mismo día. Esa tarde, mientras enjuagaba las maceteras de barro que había vaciado para sembrar otra vez, sentí el cemento helado del mesón bajo las manos, confirmando lo que ya sospechaba: una planta que uno sigue desde la tierra hasta la taza no es lo mismo que una que llega ya seca y anónima en una bolsita de mercado. Mi amiga Magnolia, que en vez de escribir manda audios de cinco minutos, me preguntó por uno de esos audios si el poleo de verdad ayudaba con los nervios, y lo único que le pude contestar con seguridad es que a mí me sirve, pero que eso no es garantía para todo el mundo. Días después, sirviendo tinto a media tarde, el encargado me preguntó si me había ido de vacaciones. Dormir mejor, parece, también se nota en la cara, aunque yo no sabría decir cuál hierba fue la responsable.

Empiece por lo que ya tiene en la cocina

Ordenar el cuaderno de mi abuela dio para más de lo que cabe en un solo artículo, y ese proceso lo dejé por escrito en Lo que aprendí este mes sobre sanar con lo que hay en la cocina, con más detalle del que cabe aquí.

Hay ramas enteras que todavía no he tocado en este texto: las plantas puntuales para la ansiedad y el sueño, las que se aplican sobre la piel como la caléndula, y las que se usan en vahos para la nariz tapada tienen cada una su propio proceso, y prefiero explicarlas bien en su momento en lugar de meterlas todas de afán aquí.

Olla de barro con una infusión de hierbas frescas para la salud familiar, junto a un pocillo de cerámica, típica de las recetas naturales del Eje Cafetero.

Para quien apenas está armando su propio sistema, sigo recomendando Recetas Naturales Curativas como punto de partida, no porque sea perfecto, sino porque obliga a organizar lo que uno ya sabe en lugar de dejarlo suelto en la memoria.

Y lo que le digo a mi prima cada vez que me pregunta por una receta es lo mismo que le digo a usted: pruebe con calma, empiece con poco, y si alguien en la casa toma medicamento recetado, pregúntele primero al médico antes de sumarle una hierba nueva a la rutina. El cuaderno de mi abuela todavía tiene páginas que no he probado, pero la parte de cuidar bien a la familia no se negocia.