
Una tarde de calor pesado en la finca, sintiendo esa pesadez en el costado derecho que no me dejaba ni organizar los bultos de café, recordé el rincón de mi abuela. No era un dolor agudo, sino una molestia sorda, como si cargara una piedra debajo de las costillas que me quitaba el aire mientras caminaba por el cafetal.
Vea, le cuento una cosa importante antes de seguir: algunos de esos cursos que le menciono llegan a través de enlaces con seguimiento de Hotmart. Por cada matrÃcula que pasa por aquà me corresponde una comisión que el vendedor paga âel precio para usted no cambiaâ. Mi regla es que nada aparece en este blog si no lo probé con mis propias hierbas o lo revisé entero; yo no soy médica ni tengo formación formal, solo soy una administradora de finca tratando de no olvidar lo que la abuela sabÃa.
El diagnóstico y los apuntes borrosos del cuaderno
Después de la cosecha de diciembre de 2025, el cuerpo me pasó la factura. Entre el corre-corre de los recolectores y las comidas rápidas que uno termina haciendo por falta de tiempo, terminé con un diagnóstico de hÃgado graso. Me sentÃa pesada, como si la altitud de Pereira, que estamos a unos 1411 metros sobre el nivel del mar, me estuviera pesando más de la cuenta en los pulmones. Fue ahà cuando decidà abrir el cuaderno de 2022 de mi abuela para buscar sus famosos amargos naturales.
El problema es que las notas de mi abuela estaban borrosas en las partes más importantes. Ella escribÃa con un lapicero que se corrÃa con cualquier gota de agua, y justo en la página de las limpiezas, habÃa una mancha vieja de café que tapaba la mitad de los dibujos. Me daba miedo confundir una planta con otra, porque usted sabe que en el campo hay malezas que se parecen mucho a lo que uno busca y terminar intoxicada no estaba en mis planes de domingo.

Buscando orden en el jardÃn de la abuela
Pasé toda una tarde tratando de identificar un tallo seco pensando que era cardo mariano, solo para darme cuenta de que era una maleza común porque el dibujo de mi abuela estaba manchado de café. Me sentà frustrada, ahà sentada en el patio, con el olor a tierra mojada mezclado con el aroma punzante de la ruda fresca cuando froto las hojas entre mis dedos. SabÃa que las plantas estaban ahÃ, pero me faltaba el orden.
Fue cuando decidà buscar algo más estructurado. Bajé al pueblo y en un rato de internet descargué el curso Recetas Naturales Curativas, que tiene una calificación de 4.5 y me pareció que hablaba el mismo idioma que mi abuela. El curso no se pone con tecnicismos raros, sino que combina las frutas y verduras que uno tiene en la cocina con las plantas del jardÃn. Me llamó la atención que usaban mucho la alcachofa y el diente de león, tal como ella mencionaba entre sus tachones.
Me puse a estudiar cómo aprender sobre plantas medicinales para cuidar la salud de mi familia de una forma que no fuera adivinando. Me pregunto si mi abuela sabÃa que sus notas terminarÃan mezcladas con un curso digital que descargué en el pueblo; creo que le habrÃa dado risa ver que ahora uso el celular para confirmar lo que ella sabÃa de memoria.

La alcachofa y el secreto de los amargos
Un domingo lluvioso de marzo empecé en serio. La abuela siempre decÃa que para el hÃgado no hay nada como el amargo. Ella usaba las hojas de la alcachofa (Cynara scolymus) que crecÃan al borde de la huerta. El curso explicaba algo que ella no anotó: que el compuesto se llama cinarina y que es lo que ayuda a que la bilis fluya y el hÃgado se limpie de esas grasas que uno va acumulando con tanto chicharrón y harina.
La receta que probé fue una mezcla de lo que decÃa el cuaderno y lo que aprendà en el video. Usé un puñado de hojas de alcachofa, pero en lugar de solo hervirlas, las combiné con un poco de zumo de limón y una manzana verde picada, como sugerÃa el método del curso para que el sabor no fuera tan agresivo. Al principio me quedó amarguÃsimo, casi imbebible, porque usé demasiadas hojas. Con los dÃas aprendà que basta con tres o cuatro hojas grandes para un litro de agua.
Si usted sufre de otros problemas de panza, tal vez le sirva leer sobre los remedios naturales para la gastritis y el reflujo que sà funcionan, porque a veces uno cree que es el hÃgado y resulta que es el estómago que está pidiendo auxilio por otro lado.

Diente de león y una advertencia necesaria
Después de quince dÃas de infusiones, empecé a notar cambios. Pero aquà es donde le digo lo que siempre le repito a mi prima cuando me pregunta: no todo lo natural es inofensivo para todo el mundo. Yo uso mucho el diente de león (Taraxacum officinale), que aquà crece como si fuera maleza entre los cafetales. Es bendito para desinflamar, pero hay que tener un cuidado berraco.
Resulta que personas que toman anticoagulantes deben tener mucho cuidado con plantas como el diente de león o el cardo mariano. Estas plantas pueden alterar la forma en que la sangre coagula y causar problemas serios que uno ni se imagina. Yo no soy médica, por eso siempre digo que si usted toma pastillas para la presión o para el corazón, primero hable con su doctor antes de ponerse a tomar amargos todos los dÃas. Lo que a mà me sirve, a otro lo puede poner en riesgo si no se fija en esas interacciones.
En el curso de Aprende Plantas Curativas explican muy bien cómo identificar estas plantas para no confundirlas, lo cual me sirvió mucho para distinguir el diente de león de otras flores amarillas que no tienen el mismo efecto.

La sensación de ligereza en junio
Una mañana fresca de junio, mientras subÃa la pendiente hacia el lote de arriba, me di cuenta de algo: ya no sentÃa ese cinturón apretado. Esa sensación de ligereza en el abdomen, como si me hubieran quitado un cinturón que me apretaba las costillas durante meses, es lo que me confirmó que iba por buen camino. Ya no tenÃa ese sabor metálico en la boca al despertar ni me sentÃa embotada después del almuerzo.
Mi rutina ahora es más pausada. Sigo las recetas del curso porque me dan la tranquilidad de saber que las cantidades están medidas, pero sigo usando las plantas de mi jardÃn porque tienen la fuerza de esta tierra. El curso dice que hay que ser muy exacto con los tiempos de infusión, mientras que mi abuela lo hacÃa todo al ojo; yo me quedé en un punto medio: mido el tiempo con el reloj de la cocina pero confÃo en el olor de la olla cuando empieza a soltar el aroma.
He aprendido que limpiar el hÃgado no es cosa de un solo dÃa con un jugo milagroso, sino de ir cambiando lo que uno mete a la olla. Si quiere profundizar más en esto de las mezclas, le recomiendo mucho el material de Recetas Naturales Curativas. A mà me dio el orden que el cuaderno de mi abuela habÃa perdido con el tiempo y las manchas de café.

Un jardÃn que es botiquÃn
Hoy el jardÃn de la abuela ya no es solo un montón de hierbas descuidadas al lado del patio, sino mi botiquÃn personal para seguir trabajando la tierra. A veces me quedo mirando las matas de alcachofa y pienso en lo agradecida que estoy de haber rescatado ese cuaderno, aunque me haya tocado buscar ayuda digital para entenderlo del todo.
Si usted está empezando a sentir esa pesadez, no lo deje pasar. Empiece por lo básico, limpie su alimentación y mire qué tiene sembrado a la mano. Pero eso sÃ, se lo digo con todo el cariño: si tiene alguna condición crónica o toma medicamentos de farmacia, no haga nada sin preguntarle a su médico. La salud es un equilibrio muy delicado y las plantas, aunque vienen de Dios, tienen su ciencia y su respeto. Yo sigo aquÃ, entre mis bultos de café y mis tazas de amargo, aprendiendo cada dÃa un poquito más de lo que la tierra nos regala.