Cómo preparar té de hierbabuena para el dolor de estómago fuerte

Cómo preparar té de hierbabuena para el dolor de estómago fuerte: planta fresca recién cortada junto al lavadero de la finca

La hierbabuena crece sola junto al lavadero de la finca, sin que nadie la siembre ni la cuide aparte del café. Ahí la corto cuando el dolor de estómago aprieta fuerte, para esta agua que terminé de aprender a preparar bien hace apenas unos meses. No es un remedio de manual ni una fórmula de salud digestiva instantánea, ni una promesa de bienestar natural universal, es uno de los remedios caseros que fui rescatando del cuaderno de mi abuela, a veces acertando y a veces no.

Antes de esa mala noche ya había probado otras salidas. Meses atrás me metí de cabeza en una dieta de moda que alguien me recomendó para cualquier malestar digestivo, y lo único que conseguí fue quedarme sin fuerzas para los turnos de recolección en la finca — la dejé antes de terminar la primera semana, sintiéndome peor que al empezar.

Esa noche el dolor fue distinto, de los que lo doblan a uno y no dejan ni enderezarse bien. El frío baja rápido en las montañas de Pereira cuando llueve, y entre los espasmos fui a buscar el cuaderno de recetas que quedó de mi abuela desde 2022. Entre una receta de bizcochuelo y otra de conservas encontré la entrada que buscaba: agua de hierbabuena para cuando el cuerpo se cierra.

¿Por qué la hierbabuena calma el dolor de estómago fuerte?

Salí a cortar las hojas más verdes cerca del lavadero, dejando la raíz quieta, como me enseñó ella, que la mata sigue dando si uno no la arranca de raíz. La hierbabuena (o Mentha spicata, como la nombra el curso de Hotmart que reviso los domingos) no es la única menta que hay en el patio, pero es la que mi abuela siempre usaba para el estómago.

Manos cosechando hojas de hierbabuena fresca para preparar un remedio casero contra el dolor de estómago

Lo que explica el alivio, según lo que he ido leyendo aparte del curso, es el mentol que trae la hierbabuena: actúa como antiespasmódico sobre el músculo liso del tubo digestivo, y por eso se usa desde hace generaciones para los cólicos y el malestar de estómago. Mi abuela no hablaba de músculo liso ni de antiespasmódicos, ella decía que la hierbabuena "afloja lo que está apretado", pero venía a ser lo mismo dicho de otra forma.

La altura de Pereira cambia el punto de hervor del agua

Aquí estamos a unos 1411 metros sobre el nivel del mar, y eso cambia el punto de ebullición del agua, que se alcanza cerca de los 95 grados y no los 100 que uno aprende en el colegio. Mi abuela no sabía de termodinámica, pero tenía su frase para eso: "el agua busca la hoja, la hoja no busca el fuego".

La primera vez que lo intenté esa noche, con el afán y el dolor tan berraco, tiré las hojas al agua mientras hervía a borbotones. Salió una bebida verde oscura, casi café, amarga y metálica, que tocó votar y empezar de nuevo. El curso de Hotmart insiste en que el agua nunca debe romper a hervor fuerte para no quemar los aceites esenciales; mi abuela nunca midió nada, apartaba la olla cuando "el agua empezaba a cantar"; a mí, esa segunda vez, me funcionó apartarla apenas con las primeras burbujas pequeñas.

Remedios caseros: cómo preparo la infusión lenta, paso a paso

Para esta agua caliento una taza de agua de la quebrada, ya filtrada, hasta que salen apenas las primeras burbujas pequeñas, sin dejar que llegue al hervor fuerte. En una taza de barro pongo un puñado generoso de hojas frescas, lavadas ligero para quitarles la tierra pero sin estrujarlas todavía, para no perder el aceite antes de tiempo. Encima vierto el agua caliente y tapo la taza con un plato pequeño, porque si se queda destapada los aceites se escapan con el vapor y uno termina oliendo la medicina en vez de tomársela. Ahí la dejo reposar entre 5 y 10 minutos, que es lo que necesita para soltar lo bueno sin que el sabor se ponga pesado.

Taza de barro con infusión de hierbabuena tapada, lista para aliviar la salud digestiva

Lo que sentí después de tomarla

Al destapar la taza esa segunda vez, el olor ya no era agresivo como el de la primera tanda. No le puse ni azúcar ni miel, porque mi abuela decía que cuando el estómago está bravo, el dulce es como echarle leña al fuego. Tomé sorbos pequeños, sentada en la cocina, y el calor se fue extendiendo desde el pecho hacia el abdomen, aflojando poco a poco los nudos que tenía apretados por dentro. No fue un alivio de un solo trago, pero sí un descenso constante de la tensión, hasta que pude enderezarme sin doblarme.

Llevaba ya cuatro semanas preparándola cada vez que el dolor volvía de noche, y fue un domingo, cuando el gallo cantó a las cinco y media y yo seguía dormida de corrido, sin haberme despertado ni una vez por el ardor, que caí en cuenta de cuánto había cambiado la cosa desde esa primera taza amarga.

El cuaderno de mi abuela no es solo una lista de remedios, sino una manera de medir si algo funciona de verdad en la vida diaria y no solo en una demostración de curso. Ya había escrito algo parecido en Entre cafetales y el cuaderno de mi abuela: Lo que aprendí este mes sobre sanar con lo que hay en la cocina, y cada receta que pruebo confirma un poco más esa idea.

Receta de hierbabuena escrita a mano en el cuaderno de remedios caseros de la abuela

¿Cuándo la hierbabuena no es la mejor opción?

No todo es remedio garantizado, y eso también lo decía mi abuela a su manera: "no toda agua es para toda sed". Si lo que se tiene es reflujo o acidez fuerte, la hierbabuena bien cargada puede empeorar las cosas en vez de ayudar. Ese cruce específico entre hierbas y gastritis lo dejo para otro día en el cuaderno, porque no es lo mismo un dolor de estómago fuerte y pasajero que una acidez que vuelve todos los días.

Esto me pasó con mi primo el año pasado: él sufre de reflujo crónico y, pensando que le hacía un bien, le preparé una infusión bien cargada de hierbabuena en un almuerzo familiar. A los pocos minutos estaba peor que antes, con una quemazón que no lo dejaba ni hablar. Ahí quedó claro que lo que a mí me sirve una noche de lluvia después de comer frijoles, a otro le puede caer como candela.

Agua calentándose para preparar té de hierbabuena en una olla de peltre de la finca cafetera

Siempre que alguien en la finca me pregunta por un remedio, le digo lo mismo que le digo a mi prima cuando me escribe por WhatsApp: estas aguas ayudan, pero no reemplazan al médico, sobre todo si el dolor viene con fiebre, se repite seguido, o la persona ya toma medicamentos recetados, porque las hierbas pueden chocar con las pastillas de la farmacia más de lo que uno cree.

No tengo formación en medicina ni en nutrición, apenas soy alguien que intenta rescatar lo que su abuela dejó escrito entre manchas de café, así que si el dolor no cede o hay una condición crónica de por medio, lo sensato es preguntarle a un profesional antes de experimentar con cualquier mata, por bendita que parezca.

Vista de los cafetales desde la cocina, con hierbabuena fresca para el bienestar natural de la familia

Bienestar natural: lo que me queda de esa noche

Mientras yo apenas podía enderezarme, la vida en la vereda seguía su ritmo — un vecino que madruga casi a diario para entrenar en bicicleta de montaña por los caminos veredales del Eje Cafetero, arrancando siempre desde el Parque Olaya Herrera antes de subir, ni se enteró de que yo llevaba dos noches sin dormir bien.

En el rincón de hierbas hay otras plantas que reservo para calmar los nervios y dormir mejor en plena cosecha, y la caléndula, que uso más para la piel curtida por el sol que para tomar en agua. El eucalipto lo guardo aparte, para destapar la nariz con vapor cuando alguien amanece resfriado, y la misma hierbabuena a veces entra a la cocina como condimento, no solo como remedio.

Si algo me queda claro de esa noche es que la infusión no cura por sí sola, cura la paciencia de esperar el reposo correcto, sin apurar el fuego ni el cuerpo. Esa es la lección que me llevo al resto del cuaderno: lo que funciona rápido casi nunca es lo que funciona bien.