
El cuaderno de mi abuela dice apague el fogón y eche las hojas; el curso que estoy revisando dice que ponga el agua a una temperatura exacta y cuente los minutos en el celular. Las dos recetas prometen calmar los cólicos menstruales con la misma ruda, pero llegan ahí por caminos que casi no se parecen. Aquí en el Eje Cafetero, entre el trabajo de la finca cafetera y las tardes que le voy robando al cuaderno, ando cruzando esas dos formas de medicina tradicional para ver cuál aguanta una semana real de trabajo y cuál se queda solamente en la pantalla del curso.
Antes de seguir, aclaro lo mismo que le aclaro a mi prima cuando me pregunta por estas cosas: no soy médico, ni yerbatera con título, ni nutricionista. Lo que cuento aquí sale de probar las recetas de mi abuela y de estudiar, en los ratos que me quedan, algunos cursos de Hotmart sobre el mismo tema, y no pongo nada en esta página que no haya pasado antes por mi cocina. Ninguna hierba reemplaza el criterio de un médico, y menos si usted ya toma medicamentos recetados, porque esa mezcla es de las cosas que ni mi abuela se atrevía a improvisar.
Dos cuadernos, una misma hoja de ruda

Flor de María, una lectora que me escribe desde Dosquebradas, tarda en contestar los correos pero contesta siempre, y la última vez la respuesta llegó con una pregunta directa: si la ruda de verdad sirve para el cólico o si eso es solamente un cuento de las abuelas. La pregunta me sirvió para poner una cosa al lado de la otra, lo que dice el cuaderno viejo de mi abuela y lo que dice el material del curso, las dos hablando de la misma planta pero con vocabulario distinto.
Ya había probado tés de bolsita industriales antes de encontrar esas notas, sin ningún efecto perceptible, así que no llegué al cuaderno buscando un milagro sino algo que de verdad funcionara. Comparar el cuaderno con el curso no es, para mí, buscar cuál de los dos tiene la razón, sino ver cuál me sirve para qué momento del mes.
Lo que anota el cuaderno de mi abuela sobre la ruda

La ruda (Ruta graveolens) crece en el rincón de patio que era de mi abuela, cerrado por las mismas piedras de camino que ella puso ahí, y sigue siendo de donde arranco las hojas antes de subir a la mesa de trabajo con el cuaderno abierto. Ella nunca hablaba de gramos: anotaba 'dos o tres hojitas' y explicaba que la ruda no se cocina, se apaga, el agua rompe hervor, uno quita el fogón, echa las hojas y tapa la olla para que suelten lo suyo sin amargarse.
En esa misma página hay una nota al margen, casi con las mismas palabras que usaba ella, que dice que la ruda es solo para las de la casa y nunca para las que están embarazadas; es la advertencia que repito cada vez que alguien pregunta por lo que aprendí este mes sobre sanar con lo que hay en la cocina.
El cuaderno también advierte, sin entrar en detalles médicos, que pasarse de cantidad puede sentirse mal, de ahí que ella nunca subiera de esas dos o tres hojas ni siquiera en los cólicos más fuertes. La primera vez que sentí que de verdad hacía efecto fue subiendo a la bodega sin pararme a agarrar aire a mitad de camino, cosa que normalmente sí tengo que hacer cuando el dolor está bravo.
Cómo el curso mide lo que ella calculaba a ojo

En el material de Recetas Naturales Curativas hay una sección completa sobre plantas para el sistema femenino, y ahí es donde el curso empieza a medir lo que mi abuela calculaba a ojo. Explica que la ruda tiene propiedades antiespasmódicas, pero que también es un emenagogo potente, y por eso insiste en cantidades controladas en vez de 'lo que quepa en la punta del dedo', que era la medida de mi abuela.
Ese mismo curso organiza el resto del material por dolencia común, digestión, energía, sueño, así que la ruda queda separada de lo que sirve para la gastritis o para la digestión pesada, y eso ayuda a no mezclar remedios por descuido cuando uno anda con varias hierbas a la mano.
Comparando las dos cosas, me parece que mi abuela sabía el qué y el curso me está explicando el por qué: ella no necesitaba la palabra 'emenagogo' para tenerle respeto a la planta, pero a mí me sirve tener el nombre técnico cuando alguien me pregunta por qué no se usa en cualquier momento del mes.
El respeto que merece la ruda

Aquí está la parte que no siempre se dice en redes sociales: la ruda está contraindicada durante el embarazo por su actividad emenagoga y abortiva ya documentada, así que si usted está buscando quedar embarazada o cree que podría estarlo, ni la pruebe. No es un consejo mío nada más, es lo que dice tanto el cuaderno como el curso, cada uno con sus propias palabras.
Nidya, mi vecina de finca, me preguntó una vez si le servía para algo parecido, y cuando le dije que mejor no la tocara porque no tenía claro en qué fecha andaba, no discutió nada, se quedó callada y siguió con lo suyo. Con ella pasa eso: cuando no está de acuerdo, uno lo nota más por el silencio que por la pelea.
Esta hierba tampoco es de las que uno usa para calmar la ansiedad o dormir mejor, ni de las que se aplican sobre la piel, ni de las que se inhalan en vapor para destapar la nariz; cada hierba de la finca tiene su propio trabajo, y mezclarlas por comodidad es justo lo que mi abuela evitaba. Tampoco es de las que uno echa a la olla nada más para dar sabor, como sí pasa con otras plantas de la cocina: esta se guarda aparte, en su propio frasco, para su propio uso.
Si lo que busca es algo más suave para el estómago, sin meterse con lo hormonal, prefiero remitir a lo que ya escribí sobre cómo preparar té de hierbabuena para el dolor de estómago fuerte, que sigue los mismos pasos de infusión que uso aquí pero sin el riesgo que trae la ruda.
Cuándo uso el cuaderno y cuándo abro el curso
Uso el cuaderno cuando ya sé qué cantidad me funciona y solo necesito la certeza de lo conocido; abro el curso cuando estoy frente a una hierba que no vi crecer en el patio de mi abuela, o cuando necesito explicarle a alguien más el porqué detrás de una cantidad que a mí ya me suena obvia por costumbre. Ninguno de los dos reemplaza al otro, y esa es la conclusión que más se sostiene después de ponerlos tantas veces uno al lado del otro.
Lo que le digo siempre a mi prima cuando me pregunta por estas cosas es que cualquier hierba puede chocar con un medicamento recetado, así que si usted toma algo de la farmacia o tiene alguna condición de base, hable primero con su médico antes de meterse una taza de ruda entre pecho y espalda.
Si quiere ver cómo el curso organiza estas comparaciones para no tener que adivinar cada vez, la sección que sigo está dentro de Recetas Naturales Curativas, que es donde he encontrado buena parte del respaldo técnico a las notas del cuaderno de mi abuela.
El cuaderno sigue abierto sobre la mesa de trabajo, ya no metido en un cajón, y cada vez que preparo esa taza siento que voy por la misma ruta que ella trazó, solo que ahora con un mapa más detallado al lado. Si el dolor persiste o nota algo raro, no lo piense dos veces: vaya a que la revise un profesional, porque las plantas ayudan pero no hacen milagros donde hace falta un médico.