El uso de la ruda para los cólicos menstruales según mi familia

El uso de la ruda para los cólicos menstruales según mi familia

Eran finales de noviembre cuando el cielo sobre Pereira se puso de ese gris pesado que solo tenemos en el Eje Cafetero antes de un aguacero de los grandes. Yo estaba en el beneficiadero, tratando de organizar los turnos de los recolectores, pero el dolor en el vientre me tenía doblada; era uno de esos cólicos que no solo duelen, sino que le quitan a una las ganas de hablar. Mientras el olor a tierra mojada subía desde el cafetal, me acordé de la mata de ruda que mi abuela mantenía siempre a la mano, justo al lado del patio de secado, y sentí que era el momento de abrir ese cuaderno que encontré hace unos meses.

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Antes de seguir, quiero decirles algo que siempre le repito a mi prima cuando me pregunta por estas cosas de la finca: yo no soy médico, ni yerbatera con título, ni mucho menos nutricionista. Lo que escribo aquí es lo que voy aprendiendo a punta de ensayar las recetas de mi abuela y lo que estudio en mis ratos libres. Algunos de los cursos que menciono, como el que estoy haciendo ahora, llegan a través de enlaces de Hotmart. Si usted decide inscribirse en alguno, a mí me corresponde una comisión que paga el vendedor, pero a usted el precio no le cambia ni un peso. Mi regla es clara: no pongo nada aquí que no haya pasado por mi cocina o que no haya estudiado con juicio primero.

El aroma amargo de una tarde de lluvia en Pereira

Hojas de ruda fresca sostenidas por Aurora con cafetales de fondo bajo la lluvia

Esa tarde de noviembre, el dolor no me dejaba ni pensar en la logística de la carga. La ruda (Ruta graveolens) tiene un olor que a mucha gente le parece fuerte de más, casi metálico, pero para mí es el olor de la casa de mi infancia. Me acerqué a la mata y, al arrancar un par de hojitas, sentí de inmediato ese tacto ceroso, como si la planta tuviera su propio aceite protegiéndola del frío de la montaña. Es un aroma que se queda pegado a las yemas de los dedos incluso después de lavarse las manos tres veces con jabón de tierra.

Subí a la cocina y saqué el cuaderno de recetas de mi abuela. Ella murió en 2022 y dejó sus notas en un cajón, entre servilletas viejas y cuentas del mercado. En la página que decía 'Para la regla', vi sus tachones de siempre. Ella no escribía medidas exactas, ponía cosas como 'un poquito' o 'lo que quepa en la punta del dedo'. Me senté a esperar que el agua hirviera, mirando por la ventana cómo la lluvia empezaba a borrar los cerros, pensando en cuántas veces ella misma habría preparado esto para mi mamá o para mis tías.

Lo que me sorprendió de la entrada del cuaderno no fue la receta en sí, sino una advertencia que ella había subrayado con lápiz rojo: "No abusar, que la ruda mueve lo que no debe". En ese entonces yo no entendía bien a qué se refería, pero ahora, después de tres o cuatro ciclos probando y estudiando, la frase tiene todo el sentido del mundo. La ruda no es una agüita de plantas cualquiera; es una planta con carácter, y si uno no la respeta, el remedio termina siendo peor que la enfermedad.

Lo que decía el cuaderno de mi abuela sobre la ruda

Detalle del cuaderno de recetas antiguo de la abuela con anotaciones sobre la ruda

Mi abuela siempre decía que la ruda era una planta 'caliente'. En su cuaderno, explicaba que para los cólicos no se debía usar mucha cantidad. Yo, siguiendo sus notas, separé apenas unas 2 a 3 hojas pequeñas. Ella insistía en que la ruda no se cocina, sino que se 'apaga'. Es decir, usted pone el agua a hervir, y en cuanto salen las primeras burbujas, echa las hojas, apaga el fogón y tapa la olla. Si la deja hervir, el sabor se vuelve tan amargo que no hay miel en todo el departamento que lo arregle.

Esa primera vez, me quedó demasiado fuerte. Usé una rama entera porque pensé que si dolía mucho, necesitaba más planta. Error. Me dio una náusea que me duró toda la noche y el sabor metálico no se me quitaba de la lengua. Ahí fue cuando entendí que la sabiduría de la abuela no era exageración. Al mes siguiente, ya con más tiento, usé solo las 2 a 3 hojas pequeñas que ella sugería. El resultado fue distinto: a los pocos minutos de tomar el primer sorbo caliente, empecé a sentir una sensación de calor profundo que bajaba por el vientre, como si el músculo que estaba apretado por fin se diera permiso de soltar.

Es curioso, porque en este camino de recuperar las recetas, me he dado cuenta de que a veces uno busca soluciones muy complicadas cuando la solución está ahí, al pie del patio. Si quiere saber más sobre cómo voy organizando estos hallazgos, puede leer sobre lo que aprendí este mes sobre sanar con lo que hay en la cocina. Ha sido un proceso de mucha paciencia, especialmente porque la vida en la finca no se detiene para que yo haga mis experimentos.

Cuando la tradición se encuentra con la técnica

Taza de infusión de ruda humeante en la cocina de la finca en Pereira

Hace apenas unas semanas, mientras revisaba el material de Recetas Naturales Curativas, encontré una sección que hablaba precisamente de las plantas para el sistema femenino. Me dio mucha tranquilidad ver que el curso, que tiene una calificación de 4.5 estrellas y es muy serio, coincidía con los límites que mi abuela ponía. El curso explicaba la parte técnica: la ruda tiene propiedades antiespasmódicas, pero también es un emenagogo muy potente.

Aquí es donde entra lo que yo llamo 'el toque moderno'. Mi abuela mezclaba la ruda con un poquito de panela raspada. El curso sugería algo que me pareció muy inteligente: combinar el uso de las plantas con una alimentación que no inflame más el cuerpo durante esos días. El curso dice que hay que evitar los lácteos cuando se toma ruda para no sobrecargar el hígado, algo que mi abuela hacía por puro instinto porque en esos días ella nunca nos daba leche, sino puras sopas claras y arepa de maíz pelado.

Comparando las dos cosas, me doy cuenta de que mi abuela sabía el 'qué', pero el curso me está enseñando el 'por qué'. Por ejemplo, el curso recomienda dosis muy controladas para evitar la toxicidad de la Ruta graveolens, que es el nombre botánico que ahora ya me sé. Mientras ella usaba su cuaderno con manchas de café, yo uso las fichas del programa para asegurarme de que no me estoy pasando de la raya. Es un alivio ver que lo que uno aprendió de niña tiene un respaldo hoy en día.

¿Por qué hay que tenerle respeto a la ruda?

Aurora preparando la infusión de ruda siguiendo los pasos del cuaderno en su cocina

Esta es la parte donde les cuento el ángulo que no siempre dicen en las redes sociales. Muchas personas recomiendan la ruda para los cólicos como si fuera manzanilla, pero la verdad es que su efecto es tan potente que puede causar contracciones uterinas riesgosas. No es un alivio suave; es una planta que obliga al cuerpo a reaccionar. Por eso, si usted está buscando quedar embarazada o cree que podría estarlo, la ruda no debe ni tocarla. Mi abuela lo sabía, por eso decía que 'mueve lo que no debe'.

Incluso para mí, que ya conozco mi ciclo y sé cómo reacciona mi cuerpo, hubo un mes donde la infusión me produjo un sangrado mucho más abundante de lo normal porque la tomé muy seguido. Fue una lección de humildad. Las plantas no son juguetes. Si usted tiene problemas de presión o alguna condición crónica, lo que yo le digo a mi prima: hable con su doctor antes de ponerse a ensayar. No se automedique con hierbas sin saber cómo interactúan con sus medicinas de la farmacia.

Si lo que busca es algo más suave para el estómago sin meterse con el tema hormonal, yo siempre recomiendo empezar por otras cosas. Por ejemplo, hace poco escribí sobre cómo preparar té de hierbabuena para el dolor de estómago fuerte, que es mucho más noble para el día a día. La ruda la guardo exclusivamente para esos dos días al mes donde el dolor de verdad me impide caminar por los cafetales.

Integrando lo viejo con lo nuevo en la cocina de la finca

Después de unos siete meses trabajando con el cuaderno y los cursos, he llegado a un equilibrio. Ya no me atortolo si una receta no sale perfecta a la primera, como me pasó con el poleo el mes pasado, que me quedó amarguísimo porque dejé secar la hoja de más. Con la ruda, ahora soy casi matemática: dos hojas pequeñas, agua a punto de hervir, diez minutos de reposo tapado y se toma tibio, nunca hirviendo.

Siento que mantener estas tradiciones vivas aquí en la finca es una forma de honrar a mi abuela, pero también de cuidarme a mí misma con lo que la tierra nos da. No se trata de rechazar la medicina moderna, sino de tener herramientas en la cocina para los malestares que no necesitan una visita a urgencias. Si a usted le interesa aprender a estructurar estas recetas para que no sean solo 'un puñado de esto', le recomiendo mucho darle una mirada a Recetas Naturales Curativas. A mí me ha servido para dejar de adivinar y empezar a entender de verdad qué es lo que estoy poniendo en mi taza.

Mañana me toca volver a la carga con la cosecha, pero me voy a dormir tranquila sabiendo que el cuaderno de la abuela ya no está agarrando polvo en un cajón. Cada vez que el aroma de la ruda inunda la cocina, siento que ella todavía me está enseñando a llevar las riendas de esta finca, una taza a la vez. Eso sí, acuérdese siempre de lo que le digo: si el dolor persiste o si usted nota algo raro, no lo piense dos veces y vaya a que la revise un profesional. La salud es lo primero, y las plantas están para ayudar, no para hacer milagros donde hace falta un médico.