
Me quito las botas de caucho junto a la puerta de la cocina y la marca roja del borde no se me quita del tobillo aunque lleve un rato sentada. En Vereda La Florida, en pleno Eje Cafetero, donde tenemos los surcos más parados de la finca, cualquier jornada larga me deja las piernas así: pesadas, hinchadas, con esa sensación de que la piel ya no cabe. Antes de dar con la página de la achicoria amarga en el cuaderno de mi abuela, había probado tés de bolsita industriales que no me hicieron ningún efecto perceptible, de esos que venden ya armados en cualquier tienda. Ahora, cuando la retención de líquidos aprieta, tengo dos caminos distintos con el diente de león, y llevo un rato comparando cuál conviene según el día. No es porque uno sea el remedio perfecto y el otro un fracaso, sino porque cada uno responde distinto según lo que me esté pasando en el cuerpo.
El encargado de los recolectores me preguntó una vez, mientras yo servía el tinto para todos antes de salir a los surcos, si me había ido de vacaciones: me vio los tobillos delgados y pensó que había estado descansando en otra parte. No le conté que era una hoja de maleza hervida la que tenía que ver con eso; me pareció más fácil cambiar de tema y seguir sirviendo café. Fue mi vecina Nidya Giraldo la que me confirmó el nombre en latín de la planta antes que cualquier curso. A ella los nombres botánicos se le quedan pegados con una facilidad que a mí todavía me cuesta, y me soltó lo de Taraxacum officinale como quien dice buenos días.
¿Diente de león solo o alternado con cola de caballo?

Tengo dos formas de usar la achicoria amarga cuando la hinchazón aparece, y no son intercambiables. La primera es tomar el diente de león solo, tal como lo dejó escrito mi abuela: nada más que la hoja, agua y paciencia. La segunda es alternarlo con cómo usar cola de caballo para los riñones y la retención de líquidos, cambiando de una hierba a otra según los días. Cada camino tiene su lado bueno y su lado flojo, y elegir entre uno y otro depende de qué tan terca esté la hinchazón.
Con el diente de león solo, lo que gano es simplicidad: una sola hoja para conseguir, un solo sabor al que acostumbrarme, una preparación que no cambia de una vez a otra. Lo que pierdo es que, si lo tomo seguido por muchos días corridos, el cuerpo parece dejar de responder igual. Mi abuela ya lo sabía sin necesidad de explicarlo con palabras técnicas, por eso nunca lo tomaba de forma corrida por mucho tiempo. Cuando eso pasa, la hinchazón vuelve casi como si no hubiera tomado nada, y ahí es cuando toca cambiar de hierba por un rato.
Alternar con cola de caballo resuelve ese problema de acostumbramiento, pero exige más trabajo: dos hierbas que conseguir, dos preparaciones que recordar, y un poco más de atención a cuál le tocaba hoy. Una lectora de Dosquebradas, Flor de María Espinosa, me escribió contando que ella le pone más hierba de la que yo recomendaría en cada tanda, y por eso le pasa distinto que a mí: a veces el efecto le llega más fuerte, a veces con un rebote de hinchazón apenas dejaba de tomarlo. Eso me confirmó algo que ya sospechaba, y es que la cantidad importa tanto como cuál hierba se elige.
El cuaderno dice una cosa, el curso dice otra
Mi abuela nunca usó la palabra "diurético". En su cuaderno llamaba a esto "deshinchar el cuerpo", y punto. El curso de plantas medicinales que compré por Hotmart hace tiempo habla del tema con más terminología, y menciona que la hoja aporta potasio, lo que ayuda a que uno no quede tan corto de minerales después de eliminar líquido, a diferencia de otros productos que solo sacan agua sin devolver nada. No me puse a memorizar cifras ni a repetir estudios, pero la idea general coincide bastante con lo que mi abuela ya sabía por pura observación diaria.

En la finca no todo se resuelve con achicoria amarga. La manera exacta de armar una infusión, paso a paso, ya la dejé contada en otro texto, porque aquí lo que cambia es solamente la hoja. Cómo evitar que una hierba choque con un medicamento recetado también lo traté aparte, aunque el aviso de fondo es siempre el mismo: pregúntele a su médico antes de mezclar cualquier cosa. La costumbre de guardar estas recetas en un cuaderno de familia, de mano en mano, la conté con calma en otro artículo; aquí el cuaderno solo me presta la página de hoy. Para la digestión uso otra combinación de plantas, cada una con su pareja distinta, y eso lo dejo para otro momento. Cuando lo que falla es dormir bien o los nervios, recurro a un grupo de hierbas completamente distinto. En la piel, después de un día entero al sol, hay hojas que rinden más que ésta. Para la nariz tapada, el vapor de otra planta funciona mejor que cualquier té. Y no toda hierba que uno usa en la cocina sirve igual como remedio. Esa diferencia también la desarrollé en otro lado.
Dos formas de preparar la hoja

La preparación tampoco es igual para los dos caminos, aunque el punto de partida sí lo es: agua que apenas empieza a hervir, nunca hirviendo con fuerza, porque si se pasa de caliente la hoja suelta un amargor que ni la miel disimula. Para el diente de león solo, dejo un puñado de hojas tapado unos minutos, cuelo y ya. Para la versión alternada, preparo cada hierba por separado, nunca las mezclo en la misma taza, porque cola de caballo pide un poco más de tiempo en el agua que la hoja de achicoria, y si las junto una de las dos queda mal calculada.
Lo que no funcionó tan bien fue intentar apurar el proceso usando agua todavía hirviendo a borbollones, pensando que así el efecto sería más fuerte. Lo único que logré fue un té imposible de tomar, tan amargo que ni siquiera con panela se dejaba pasar, y tuve que botar esa tanda completa. Ahí aprendí que con estas hojas, más calor no es igual a más resultado: es solo más amargor.
Cuándo elegir cada camino
Después de comparar los dos caminos varias veces, la diferencia para mí quedó bastante clara. Me quedo con el diente de león solo cuando la hinchazón es leve y ocasional, después de una jornada larga cargando bultos de café, por ejemplo, o de estar muchas horas de pie. Alterno con cola de caballo cuando la retención se sostiene por varios días seguidos y no baja aunque tome el diente de león con juicio. No es que uno sea superior al otro; es que responden a hinchazones distintas, y usar el más fuerte de los dos para algo leve es gastar hierba de más sin necesidad.

Cuando además me duelen las rodillas de tanto subir y bajar por los cafetales, recurro a otros saberes de la abuela, como los remedios caseros para el dolor de rodillas por el trabajo físico, porque en la finca todo está conectado: si duelen las articulaciones, uno se mueve menos, y moverse menos hace que el cuerpo retenga más líquido.
Ninguno de los dos caminos me ha servido para bajar de peso de forma mágica, y no lo cuento como si lo fuera. Lo que sí noto es que, al no cargar con agua de más, se me hace más fácil mantener un peso ideal sin sentirme sin energía, algo que no me pasaba con los remedios naturales que probé antes y que solo dejaban cansancio. Aun así, esto no reemplaza una consulta médica: las hierbas se meten con el cuerpo tanto como cualquier pastilla, y si usted toma medicamentos recetados, tiene la presión alta o algún problema de riñón, lo que yo le digo a mi prima es que hable primero con su doctor antes de experimentar con achicoria o con cualquier otra cosa que crezca en el patio.