Beneficios del té de canela para regular el azúcar en la sangre

Beneficios del té de canela para regular el azúcar en la sangre

Todavía me acuerdo de las tardes de lluvia en la cocina de la finca, cuando el olor a café recién tostado se mezclaba con el aroma dulce de la canela que mi abuela ponía a hervir. Hace unos meses, mientras revisaba su cuaderno de recetas, encontré una nota pequeña, escrita con ese pulso tembloroso de sus últimos años, que decía: “canela para asentar la sangre después de los almuerzos pesados”. Me quedé pensando un buen rato en qué querría decir ella con eso de asentar la sangre, y justo coincidió con que mi tío andaba quejándose de sus niveles de glucosa tras los excesos de la cosecha de fin de año.

Un cuaderno, una preocupación y una búsqueda

Mi tío, que ya pasa de los sesenta, siempre ha sido de buen comer, pero después de diciembre se sentía más cansado de lo normal. Como yo ando en esto de recuperar los saberes de la abuela, me puse a investigar si esa frase de ella tenía algún fundamento que yo pudiera aplicar aquí en la casa. No es que yo sea experta, pues mi formación es más de logística y de andar pendiente de los recolectores, pero el cuaderno de mi abuela es para mí como una guía de vida. Sin embargo, para no quedarme solo con la tradición oral, decidí apoyarme en un curso de plantas medicinales que estoy haciendo en mis ratos libres los domingos por la tarde.

Lo que descubrí me dejó pensando. Resulta que la canela no es solo para darle sabor al arroz con leche. Parece que tiene una capacidad bien interesante para ayudar a que el cuerpo maneje mejor el azúcar. Pero no es tan sencillo como echarle cualquier rama al agua; hay detalles que mi abuela hacía por instinto y que la ciencia explica hoy con nombres más complicados. Por ejemplo, el curso mencionaba que el aceite esencial de la corteza de buena calidad debe tener entre un 65% a 80% de cinamaldehído (Cinnamomum verum), que es el compuesto que le da ese olor tan característico y que ayuda en estos procesos metabólicos.

Manos sosteniendo un cuaderno de recetas antiguo abierto en una página sobre canela.

La diferencia que casi nadie nos cuenta: Ceilán vs. Cassia

Aquí fue donde me llevé la primera sorpresa y donde me di cuenta de que a veces uno cree que está haciendo un bien y puede estar cometiendo un error. Yo siempre compraba la canela en el supermercado de Pereira, la que viene en ramas gruesas y duras. Pero el curso me enseñó que esa es la canela Cassia (Cinnamomum cassia), la más común pero también la que tiene más cumarina. Resulta que la cumarina en exceso puede ser pesada para el hígado. El Instituto Federal Alemán para la Evaluación de Riesgos (BfR) sugiere un límite de cumarina de unos 0.1 mg por kilogramo de peso corporal para no tener problemas.

La canela de Ceilán (Cinnamomum verum), que es la que mi abuela llamaba “la verdadera” o “la de astilla fina”, tiene niveles de cumarina casi inexistentes. Me costó un poco encontrarla, pero ahora que la uso, noto la diferencia. La de Ceilán es más suave, se deshace casi con los dedos y tiene un sabor más complejo, menos picante. Al usarla todos los días para mi tío y para mí, me quedo más tranquila sabiendo que no estoy sobrecargando su sistema mientras buscamos que su insulina trabaje un poquito mejor.

A veces, cuando el trabajo en el cafetal se pone duro y el cuerpo pide dulce, me preparo una taza de esta infusión. He notado que esa sensación de calor suave que baja por la garganta y parece calmar el hambre de dulce inmediatamente es real. No es que haga milagros, pero ayuda a que uno no termine comiéndose un pedazo de panela de más por la tarde.

Comparación visual entre la canela Cassia gruesa y la canela de Ceilán fina.

Cómo preparo la infusión en la cocina de la finca

En el cuaderno, mi abuela decía que no había que dejar hervir la canela eternamente. Ella simplemente ponía el agua a punto de hervir, apagaba el fogón y echaba la astilla. Yo ahora sigo su ritmo, pero con el reloj en la mano para ver qué pasa. El curso dice que el tiempo de infusión sugerido es de unos 10 minutos para lograr extraer los polifenoles sin que el sabor se vuelva demasiado amargo o se pierdan los aceites volátiles.

El proceso que me ha funcionado estos meses es el siguiente:

Hacia finales de marzo, intenté usar canela en polvo que tenía guardada hace tiempo, pero fue un desastre. El té quedó turbio, con una textura babosa que no le gustó a nadie en la casa. Definitivamente, la canela en rama conserva mucho mejor sus propiedades y el sabor es infinitamente superior. Además, mi abuela siempre decía que lo que ya viene molido “trae mentiras”, y yo creo que tenía razón: uno no sabe qué más le mezclan a ese polvo.

Mano partiendo una rama de canela sobre una taza con agua caliente.

Observaciones de una administradora, no de una doctora

Llevo ya un tiempo dándole esta agüita a mi tío después del almuerzo. Él dice que se siente menos “embotado” y que las ganas de echarse a dormir la siesta justo después de comer han disminuido. Yo también la tomo y me ha servido para no picar tanto entre comidas. Pero ojo, que esto es lo que yo le digo a mi prima cuando me pregunta: esto no reemplaza la medicina que le mandó el doctor para el azúcar. Yo no soy nutricionista ni tengo formación médica; soy solo alguien que trata de unir los puntos entre lo que la abuela sabía y lo que la ciencia va confirmando.

Algo que me parece importante mencionar es que, así como la canela nos ayuda, otras plantas tienen sus propios misterios. Por ejemplo, si lo que uno tiene es una digestión pesada que no lo deja ni trabajar, el orégano puede ser mejor compañero que la canela. En la finca aprendemos que cada planta tiene su momento y su razón de ser. Incluso para los dolores físicos, como el dolor de rodillas por el trajín de subir y bajar lomas cargando bultos, hay otras recetas que complementan este cuidado natural que intentamos llevar.

Taza de té de canela ámbar sobre una mesa de madera con cafetales al fondo.

Lo que he aprendido en estos meses de prueba

Un domingo por la tarde, mientras el sol se ocultaba tras los cafetales, me puse a comparar lo que decía el curso con las notas de la abuela. El curso es muy técnico, habla de receptores celulares y de transporte de glucosa, mientras que la abuela hablaba de “armonía” y de “limpiar la sangre”. Al final, parece que hablaban de lo mismo. La canela de Ceilán parece mejorar la sensibilidad de las células para que dejen entrar el azúcar y así no se quede dando vueltas en la sangre, causando estragos.

Pero hay que tener cuidado. He leído que la canela puede interactuar con ciertos medicamentos, especialmente con los que ya son para la diabetes o con anticoagulantes. Por eso, siempre que alguien en la vereda me pregunta, le digo lo mismo: “Vea, pruébela, pero primero dígale a su médico, no sea que la canela le baje el azúcar de más y terminemos con un susto”. Lo que yo hago aquí en la finca es un apoyo, una forma de vivir más cerca de la tierra, pero nunca un reemplazo de la opinión de un profesional.

Al final del día, después de cuadrar las cuentas de la semana y revisar que las hierbas del patio estén bien hidratadas, me tomo mi té de canela. Me gusta pensar que, en cada sorbo, estoy honrando la memoria de mi abuela y cuidando el futuro de mi familia con lo que la misma tierra nos regala. No se necesita mucho, solo un poco de paciencia, la rama adecuada y el respeto por lo que cada ingrediente nos puede dar si sabemos escucharlo.

Olla de barro humeante en una cocina rústica durante el atardecer en la finca.