
Esa tarde de enero en Pereira el bochorno no daba tregua, y yo sentÃa que el sancocho de las fiestas todavÃa me pesaba en las piernas mientras intentaba cuadrar las cuentas de la recolección. Aquà en la finca, a unos 1411 metros sobre el nivel del mar, el cuerpo se acostumbra a un ritmo de trabajo fuerte, pero después de diciembre yo sentÃa que el mÃo se habÃa quedado estancado, como si la energÃa no me circulara bien por las venas. Fue buscando un recibo viejo que me topé otra vez con el cuaderno de mi abuela en ese cajón de la cocina que siempre huele a canela vieja.
Antes de seguir, quiero decirles algo que siempre le repito a mi prima cuando me pregunta por estas cosas: yo no soy médica, ni nutricionista, ni tengo estudios formales en estas matas. Solo soy una administradora de finca que creció viendo a su abuela curar todo con lo que crecÃa en el patio. Algunos de los cursos que menciono aquà tienen enlaces de seguimiento de Hotmart; si usted decide inscribirse, a mà me llega una comisión que paga el vendedor, pero el precio para usted es el mismo. Solo recomiendo lo que yo misma he probado aquà entre mis cafetales o lo que he estudiado con juicio para entender mejor las recetas del cuaderno. # â æ¤æ¬¡ä¿®æ¹
El encuentro con el poleo y el secreto de la cáscara amarga
En una de las páginas de atrás, con esa letra de mi abuela que a veces parece que se la fuera a llevar el viento, encontré una nota al margen sobre el poleo y las cáscaras de cÃtricos. Ella decÃa que servÃan para 'aligerar la sangre' cuando uno se sentÃa embotado. Yo, que andaba buscando cómo recuperar el paso para las caminatas por el cafetal, decidà que era hora de probar. El aroma punzante del poleo fresco mezclándose con el olor a café secándose en el patio bajo el sol de la tarde me trajo de golpe memorias de cuando ella nos preparaba esas aguas después de las cosechas grandes.

Empecé de a pocos, usando un puñado de poleo (Mentha pulegium, como aprendà luego en los cursos) y las cáscaras de las naranjas amargas que crecen cerca de la entrada. La receta del cuaderno era sencilla: poner el agua a calentar y, apenas soltara el primer hervor, apagarla y tirar las hierbas. El curso que estuve mirando después, Recetas Naturales Curativas, coincidÃa en algo importante: el tiempo de infusión debe ser de 5 a 10 minutos para que las plantas suelten lo que tienen que soltar sin que el sabor se vuelva imposible de tomar.
Lo que me sorprendió de esta mezcla no fue que me hiciera 'bajar de peso' de un dÃa para otro, porque milagros no hay, sino cómo me cambió la digestión. Si usted ha leÃdo sobre cómo preparar té de hierbabuena para el dolor de estómago fuerte, sabrá que las plantas amargas tienen un poder especial. Al cabo de una semana, esa pesadez de enero empezó a ceder, y ya no necesitaba tres tintos para arrancar la jornada después del almuerzo.
El metabolismo no es una carrera, es el ritmo de la finca
Hace unos seis meses, mientras profundizaba en el cuaderno, entendà que el metabolismo no es algo que uno 'prende' o 'apaga' como una estufa. Es más bien como el ritmo de la finca: si los recolectores van muy lento, el café se pasa; si van muy rápido, dañan la rama. Las infusiones lo que hacen es ayudar a que ese gasto energético diario, que según dicen los que saben representa entre el 60% y el 75% de lo que quemamos, funcione sin tropezones.

En el cuaderno, mi abuela mencionaba mucho el jengibre, que ella llamaba simplemente 'raÃz picante'. Yo empecé a combinarlo con la cáscara de naranja. Esa sensación de calor suave que sube por el cuello tras el primer sorbo de una infusión de jengibre y cáscara de naranja amarga es la señal de que el cuerpo está reaccionando. Pero aquà es donde aprendà algo que casi nadie dice y que me cambió la manera de ver estas bebidas.
El error de las infusiones en ayunas
Yo antes pensaba que entre más temprano me tomara lo más fuerte, mejor me iba a ir. Pero resulta que beber infusiones termogénicas (esas que dan calor) en ayunas puede ser un error grande. En las tardes de lluvia de abril, mientras estudiaba un poco más, me di cuenta de que tomar estas cosas con el estómago vacÃo puede estresar las glándulas suprarrenales. Eso eleva el cortisol, que es la hormona del estrés, y en lugar de ayudar al cuerpo a usar la grasa como energÃa, lo que hace es que el cuerpo se asuste y la guarde.
Mi abuela nunca tomaba sus tisanas apenas se levantaba; ella siempre se tomaba su tinto suave y luego, a media mañana, cuando ya habÃa desayunado algo de arepa con queso, se sentaba con su jarrito. Entender eso me quitó una ansiedad que me daba a veces, una tembladera en las manos que yo le achacaba al café, pero que era en realidad el estrés de meterle jengibre y cÃtricos al cuerpo sin nada de sustento.
Validando los saberes con lo moderno
A veces me da por comparar lo que dice el cuaderno con lo que encuentro en internet. Por ejemplo, hay un curso que se llama Plan Natural Para Peso Ideal que tiene apenas 2 reviews, lo que me hace dudar un poco de si será muy popular, pero sus recetas de jugos verdes y plantas son muy parecidas a lo que yo hago. Por otro lado, para los que sufren mucho del estómago, he visto que el de Gastritis y H.Pylori Natural tiene 9 reviews y se enfoca en sanar primero la pared del estómago, que es algo que mi abuela siempre decÃa: 'si la olla está rota, no sirve cocinar'.

Este mes, por ejemplo, intenté una mezcla de té verde con canela que recomendaban en uno de esos módulos. El curso decÃa que era lo máximo para la quema de grasa, pero a mà personalmente me cayó pesadÃsimo. Me dio una acidez que no me dejó trabajar tranquila en el beneficio del café. Volvà a mi cuaderno y vi que mi abuela usaba la canela pero siempre con algo que 'asentara', como una pizca de albahaca. Lo probé asà y la cosa cambió totalmente. Por eso les digo, no todo lo que brilla es oro y cada cuerpo es un mundo aparte.
Si usted quiere aprender más sobre cómo estas plantas pueden ayudar en la casa, yo siempre recomiendo empezar por lo básico, como lo que cuento en mi entrada sobre lo que aprendà este mes sobre sanar con lo que hay en la cocina. Ahà se da uno cuenta de que no necesita traer hierbas del otro lado del mundo para sentirse bien.
La constancia de tres semanas
Después de tres semanas de constancia, tomando mi infusión de poleo y cÃtricos o de jengibre después del desayuno, noté que la ropa me quedaba más cómoda, pero sobre todo, que mi energÃa era más constante. Ya no tenÃa esos bajones de azúcar a las cuatro de la tarde que me hacÃan buscar cualquier panela en la cocina. El metabolismo se habÃa regulado, no por un milagro, sino por darle al cuerpo un empujoncito natural sin maltratarlo.

Para quienes están empezando, mi consejo es que no se desesperen. Si usted tiene alguna condición de salud, sufre de la presión o está tomando remedios de la farmacia, por favor, hable con su médico. Yo a mi prima la canso con eso, pero es que las plantas son poderosas y pueden cruzarse con las medicinas. Lo que yo busco con este blog y con estudiar cursos como Recetas Naturales Curativas es darle un orden a lo que mi abuela sabÃa por instinto, para que no se pierda esa sabidurÃa aquà en la montaña.
Al final del dÃa, cuando el sol se oculta tras los cerros de Pereira y el frÃo empieza a bajar, me tomo mi última agüita de hierbas, ya más relajante, y pienso que el metabolismo es como la tierra: si uno la cuida y le da lo que necesita a su debido tiempo, ella siempre responde con una buena cosecha. Si usted siente que su cuerpo está 'lento', pruebe a escucharlo primero, a ver si lo que necesita es una ayuda para digerir mejor o simplemente que le dejen de pedir carreras en ayunas.
Si le interesa profundizar en este camino de las plantas sin complicaciones, le sugiero que le eche un ojo a las guÃas que yo misma uso para no perderme entre tanto nombre botánico y receta. Al final, lo que importa es que lo que prepare le haga bien a usted y a los suyos, como nos hacÃa bien a nosotros en el patio de la abuela.